La cirugía bariátrica es una opción para las personas muy
obesas que fracasaron con dietas. Lo que hay que saber sobre esta técnica
médica que salva muchas vidas.
Tras la intervención, para la que hay que cumplir una serie
de requisitos, a los pacientes les desaparecen esas patologías o mejoran mucho
de ellas, y no dudan en decir: “Te cambia la vida”.
En palabras de Héctor Torres
Moyano
(42), que bajó de 146 a 82,5 kilos tras
operarse en 2015: “Antes era salir de trabajar, ir a
acostarme y comer en la cama. Hoy en día –cuenta
el suboficial retirado de la Policía de Córdoba– tengo ganas de hacer, de
salir”.
Desde 2008, en la Argentina la ley nacional 26.396 obliga a
las obras sociales y prepagas a cubrir el tratamiento integral de los
trastornos alimentarios, lo que incluye las tres técnicas quirúrgicas que se
conocen como cirugía bariátrica.
La más famosa de ellas es el by pass gástrico (ver
recuadro), la operación a la que se sometió Diego Maradona en Colombia en 2005.
También hay equipos médicos que realizan este tipo de cirugía en Buenos Aires,
en Mendoza, en Rosario y en Formosa.
La protección legal a esta práctica médica tiene la lógica
de la salud pública: los obesos viven un promedio de una década menos que una
persona sin sobrepeso.
En 2009, la resolución 742/2009 del Ministerio de Salud de
la Nación determinó quiénes tienen derecho a la cobertura del costo de esta
operación, que hoy cuesta entre 65 mil y 100 mil pesos: las personas de 18 a 65
años con un índice de masa corporal (se calcula dividiendo el peso de la
persona por su altura al cuadrado) igual o mayor que 40, con “más de cinco años
de padecimiento de obesidad no reductible” y que hayan intentado sin éxito
controlar su obesidad con “otros métodos no quirúrgicos bajo supervisión
médica, por lo menos por 24 meses”.
Como dice Torres, la evidencia médica indica que los obesos
que se operan y pierden de 25 a 40 kilos de grasa disfrutan de una mayor
capacidad física y de mejor imagen personal. Claro que eso lo logran siempre y
cuando se cuiden el resto de sus días y acudan al seguimiento periódico con
médicos, psicólogos y nutricionistas.
Para los operados, cuidarse para no recuperar kilos es todo
menos fácil: “Después de la operación, muchos pacientes están deprimidos porque
no encajan en la vida social como antes”, detalla el cirujano Nicolás Sosa
Gallardo, parte del equipo del Centro de Tratamiento de la Obesidad Mórbida y
Enfermedades Metabólicas (CTOM), un centro médico privado con sede en Córdoba
capital. “El estómago les queda con una capacidad de 100 a 140 centímetros
cúbicos como máximo, y algunos nos dicen que les arruinamos la vida porque ya
no se pueden tomar seis copas de champán con el asado que se comían con los
amigos”.
Sosa señala que el “desafío más grande” para los pacientes
“va de la mano de lo psicológico: tienen que estar dispuestos a sufrir los
cambios que les va a dar la cirugía”.
Pensar en uno
Como en toda cirugía, para ser exitosa la bariátrica
necesita actitudes positivas. “Es muy buena si el paciente aprende y modifica
hábitos. Si no lo hace, con el tiempo va a recuperar el peso”, afirma el médico
Rudolf Baron Buxhoeveden, del equipo del hospital Alemán de Buenos Aires, quien
ya operó a unas 500 personas. “Los cirujanos nunca debemos darles la falsa
expectativa de que si se operan nunca más van a ser obesos”, agrega el
especialista. “La obesidad es multifactorial; intervienen la genética, la
actividad física, los hábitos alimentarios, la salud mental, la familia... Son
un montón de cosas que hay que corregir para que la cirugía funcione a largo plazo”.
Suscribe a esa visión su paciente Lorena Rodríguez (40), que
pesaba 134 kilos y hoy “más o menos” se sostiene en 85 kilos: “Es difícil: es
hermosa la cirugía, pero la cabeza no nos la operan; todo depende de nosotros”.
En esa lucha interna por dejar atrás la gordura extrema,
varios de los operados coinciden en que les cambia la actitud: tienden a
volverse más egoístas. “Me da la sensación, a mí, de que cuando estaba gordita
era simpática y a todo decía que sí por una necesidad de sentirme integrada”,
opina la cordobesa Mónica Vélez (54), quien tras operarse pasó de 114 a 64
kilos. “Y cuando empecé a bajar de peso todos me decían ‘te estás poniendo de
mal humor’. Yo lo hablaba con la psicóloga y ella me dijo: ‘Ya no tenés
necesidad de caerle bien a la gente, porque te ves linda, sabés que podés...’.
Entonces de repente empecé a valorarme yo, a quererme yo”.
Algo parecido le ocurrió a Torres Moyano, que cuando estaba
excedido de peso debía utilizar una máscara de oxígeno al dormir para no
asfixiarse: “Después de la cirugía, cambia un montón de cosas a nivel carácter,
uno empieza a verse bien y a hacer un clic. Mi desorden alimentario era un
reflejo de un desorden en mi carácter”.
Cuenta que se sigue tratando con una psicóloga y que su
cambio también lo llevó a separarse de la madre de sus dos hijos. “Antes
evitaba las discusiones”, agrega. Además, el policía retirado sigue yendo a su
seguimiento médico bimensual y quiere operarse los colgajos, los pliegues de
piel que le quedan a toda persona que baja muchos kilos. “Por una cuestión
estética me importa hacérmelo. Eso me lo cubre la obra social, pero sólo la
parte abdominal. Los colgajos de los brazos se pueden dejar, y los de la
entrepierna voy a ver cuánto sale y, si puedo, lo voy a hacer. ¡Quiero volver a
mis dulces 75 kilos! Pero tranquilo”.
Fuente: Diario La Voz - Ver más sobre Obesidad