Especialistas
internacionales buscan concienciar sobre el consumo desmedido de bebidas azucaradas
y productos procesados que pone en riesgo la salud de los más pequeños.
Explican que muchas veces los padres no se fijan en el detalle de los alimentos
que le dan a sus hijos.
Los niños están
expuestos a una serie de alimentos, los cuales parecen estar naturalizados,
pero que combinados en exceso pueden afectar de forma negativa su salud.
Cereales industriales, jugos envasados, galletitas, pizzas, salchichas y sus
salsas, son sólo algunos de los ejemplos.
Muchas veces, con la intención de saciar los gustos de los
chicos les ofrecemos alimentos procesados sobre los cuales no observamos la
cantidad de azúcar agregado que estamos sumando a su dieta. La comunidad
científica internacional advierte de los riesgos de esta práctica: no sólo
caries y obesidad, sino que vamos camino a la primera generación de jóvenes con
una esperanza de vida menor que sus padres por los malos hábitos alimentarios.
“El problema que tenemos en España es una falta de
conciencia crítica y falta de costumbre de leer e interpretar los etiquetados
de los productos. Asociamos el azúcar al que se toma a cucharadas, pero no nos
damos cuenta de que existe otro azúcar peligroso que está escondido y
disimulado. Incluso los productos que dicen “sin azúcar añadido” son engañosos porque
si vemos su composición comprobamos que no es verdad. Es imposible que un zumo
envasado no lleve algún edulcorante. La legislación del etiquetado debería ser
más restrictiva para que obligase a las compañías a declarar la cantidad de
estos compuestos y su riesgo para la salud”, señala la doctora María
Ballesteros, miembro de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición
(SEEN), reseñada por el portal El País.
Los especialistas remarcan que las etiquetas, en algunos
casos, sólo advierten la presencia de sacarosa, fructosa, dextrosa, pero no la
cantidad exacta. Un proyecto interesante es esta cuenta de Instagram
https://www.instagram.com/dealerdesucre/ que ayuda a visualizar la cantidad de
azúcar presente en algunos de los alimentos más populares.
Existe una gran cantidad de estudios que advierten de este
mal, como el recientemente publicado por la Asociación Americana de Corazón,
donde en su trabajo - titulado ¨Added Sugars and Cardiovascular Disease Risk in
Children¨ - recomiendan reducir en niños el consumo de azúcares añadidos
-sólidos o líquidos-a menos de 25 gramos al día, lo que equivaldría a 100
calorías o seis cucharitas de azúcar. La investigación, dirigida por Miriam
Vos, experta en nutrición y profesora asociada de pediatría en la Escuela
Universitaria de Medicina de Emory (Atlanta, Georgia), también recomienda
reducir el consumo de bebidas azucaradas a menos de 23 centilitros semanales.
Una sola lata ya contiene 33 centilitros.
Estos datos siguen la línea de la Organización Mundial de la
Salud (OMS), que en 2015 lanzó una directriz mundial para reducir la ingesta de
“azúcares libres” (distintos de los “intrínsecos” y saludables que encontramos
de forma natural en frutas y verduras) al 10% y 5% de la ingesta calórica
total.
Pese a todas estas alertas, algunos países no toman ningún
tipo de medida ante esta situación y el motivo no es ni más ni menos que
económico. ¨Cuando los directivos de estas empresas se han planteado reducir
los compuestos nocivos ven que reducen también los ingresos. Les interesa dar
al consumidor lo que este pide: más azúcar, más beneficios. El colmo está en
los acuerdos entre hospitales y laboratorios que se dejan financiar por cadenas
de comida rápida¨, señala Juan Revenga, Biólogo miembro de la Fundación
Española de Dietistas-Nutricionistas (FEDN) y profesor de Ciencias de la Salud
de la Universidad de San Jorge.
Ante la epidemia de obesidad infantil algunos países como
México, Francia o Italia han puesto en marcha impuestos elevados sobre
productos edulcorados para reducir su consumo. Reino Unido impondrá esta medida
a las bebidas azucaradas dentro de dos años. En España estos impuestos ni están
ni se les espera por las presiones de la industria alimentaria: el lobby
azucarero es más fuerte que la presión social y el compromiso político para
proteger la salud de los niños, concluye el articulo de El Pais. ¿Y por casa
como andamos?
Fuente: Mirada Profesional Farmacéutica - Ver más sobre Nutrición