Nuevo estudio científico liderado por argentinos: llevar una mala alimentación puede adelantar el inicio de la
enfermedad, afirman los especialistas.
La investigación, que fue liderada por argentinos y contó
con la participación de científicos de Uruguay y México, se extendió durante
cinco meses. “Utilizamos ratas modificadas genéticamente para reproducir los
estadios iniciales de esta enfermedad neurodegenerativa y comparamos su
situación con la de ratas salvajes. A la mitad de cada grupo le dimos una dieta
estándar y a la otra mitad una rica en grasas y azúcares. Lo hicimos desde el
destete de las crías (al mes de vida) hasta los seis meses”, agrega Morelli.
Lo primero que detectaron fue que la comida chatarra tuvo un
impacto a nivel metabólico (provocó hipertensión, colesterol alto, principio de
diabetes) en los roedores que la consumieron. Y, en consecuencia, alteró los
“mecanismos de defensa” de las neuronas de todos los animales, "aunque
sólo empeoró el aprendizaje y la memoria de muy corto plazo en los que contaban
con predisposición para sufrir Alzheimer".
Como parte del estudio, efectuado en el Laboratorio de
Amiloidosis y Neurodegeneración en el FIL, descubrieron que “el gen sirtuina 1,
que regula los mecanismos de protección antioxidante y brinda a las neuronas la
capacidad de responder ante insultos metabólicos, sufría una alteración en los
que ingerían la dieta grasa u occidental”, suma Morelli. Es decir que, como
efecto de la alimentación no saludable, disminuía los niveles de este gen y
esto derivaba en un deterioro de la cognición de los afectados.
A su vez, verificaron que los péptidos (o proteínas
amiloides), que predisponían a los animales manipulados a tener Alzheimer,
sufrían una modificación significativa tras el consumo de grasas. “Vimos que,
producto de dicha alimentación, estos péptidos presentes en el hipocampo de las
ratas transgénicas cambiaron su estructura y se tornaron más tóxicos, agravando
la neuropatología”, añade la especialista.
Los seis meses de estos roedores equivalen a los 40 años de
una persona. Por esa razón, los resultados sirven para brindar recomendaciones
para aquellos que se encuentran en esta etapa de la vida, según afirma Luis
Ignacio Brusco, neurólogo y presidente de la Asociación Alzheimer Argentina. De
aquí se desprende que “el trabajo apoya la intervención en la dieta a nivel
poblacional como una estrategia no farmacológica relevante, al menos en
personas de 45 a 50 años con factores de riesgo genéticos y vasculares para el
Alzheimer”, indica Brusco.
Para Alejandro Andersson, que es neurólogo y director del
Instituto de Neurología Buenos Aires (INBA), el “gran valor” de este estudio es
que “suma argumentos para insistir en la importancia de mantener una dieta
saludable”. “El cuerpo humano no está preparado para la ingesta de azúcares y
las funciones cognitivas se ven perjudicadas cuando sucede esto. Por esta
razón, resulta fundamental alimentarse bien, tanto como hacer actividad física
y evitar el tabaco”, resalta Andersson.
Fuente: Diario Clarín - Ver más sobre Salud Mental