Una candidata vacunal basada en el parásito vivo, no
atenuado, de la malaria ha obtenido un 100 por ciento de protección en un
ensayo preliminar con voluntarios sanos.
El camino que sigue el plásmido hasta generar la enfermedad
palúdica sigue diversas fases, con las que este protozoo completa su ciclo
reproductivo. Muy resumidamente, el mosquito infectado transmite con su
picadura los esporozoítos al hombre; en esa primera fase de la infección,
asintomática, el plasmodio se oculta en el hígado humano, donde sigue creciendo
y reproduciéndose hasta invadir las células sanguíneas y finalmente originar
los síntomas.
Desde hace años se estudian inmunizaciones que se dirigen a
los antígenos del parásito en diferentes momentos de su ciclo: por un lado,
están las vacunas pre-eritrocíticas, que actúan contra los esporozoítos o
cuando el parásito se aloja en las células hepáticas, para impedir que lleguen
a la fase eritrocitaria y desencadenen la enfermedad; es el caso de la vacuna
RTS,S, la que más lejos ha llegado en ensayo clínico. Otras son las vacunas
eritrocíticas, como la de momento malograda de Patarroyo, que buscan causar una
respuesta inmunitaria contra antígenos en la fase eritrocitaria del protozoo.
Las vacunas que emplean eritrozoítos están experimentando un
nuevo empuje. Conocidas con anterioridad, el impulso reciente se debe a que
ahora puede extraerse el parásito de las glándulas del mosquito en cantidad
suficiente. La biotecnológica Sanaria, con sede en Maryland (Estados Unidos) y
de la que es presidente Stephen Hoffman, investigador en los NIH, trabaja en
esa dirección con diversas propuestas. Ya ha ensayado en fase I una de esas
vacunas basadas en el parásito atenuado por radiación, la denominada PfSPZ. Los
resultados fueron espectaculares, con una eficacia casi del 100 por ciento.
El mismo espectacular resultado que ahora presentan en un
nuevo trabajo en Nature, para el que han empleado esporozoítos totalmente
infectivos que se atenúan in vivo con la administración del antimálarico
cloroquina: la vacuna PfSPZ-CVac. La cloroquina no ataca al esporozoíto, sino
que actúa cuando el patógeno sale del hígado e infecta el torrente sanguíneo,
impidiendo que se produzcan los síntomas de la enfermedad.
El ensayo es preliminar, sobre 67 voluntarios sanos y lo han
llevado a cabo un grupo de médicos del Instituto de Medicina Tropical y del
Centro de Alemán para la Investigación de Enfermedades Infecciosas, en la
Universidad de Tubinga. Ninguno de los sujetos había tenido malaria. Los
voluntarios se dividieron en grupos a los que se asignaron diferentes dosis de
la vacuna, administrada por vía intravenosa. La mejor respuesta se obtuvo con
los nueve que habían recibido la dosis más alta tres veces con intervalos de
cuatro semanas: todos ellos presentaron una protección del 100 por cien al cabo
de diez semanas desde la última dosis.
"Esta protección está causada probablemente por los
linfocitos T específicos y por los anticuerpos que responden al parásito en el
hígado", comenta Peter Kremsner, profesor en el instituto alemán que junto
al también profesor Benjamin Mordmüller han dirigido el ensayo.
"Al vacunar con un patógeno vivo, totalmente activo,
parece claro que seríamos capaces de obtener una respuesta inmune muy fuerte.
Además, todos los datos indican que es una protección relativamente estable y
duradera", añade Mordmüller y comenta que no se han visto tampoco efectos
secundarios.
El siguiente paso ahora es probar la eficacia de esta vacuna
durante varios años en un ensayo en Gabón. Entre las debilidades de esta
candidata se encuentra su vía de administración (intravenosa) y el hecho de que
debe desarrollarse en condiciones que no están al alcance de los países donde
se encuentre gran parte de su población diana.
Fuente: Diario Médico - Ver más sobre Ciencia