La prevalencia del trastorno en este grupo duplica a la
registrada en la población en general.
Pero el autoboicot se desarmó en el aire apenas entró al
consultorio. Las emociones le jugaron una mala pasada. En sus planes no estaba
previsto quebrarse. Ni que la médica no lo juzgara, ni que recurriera a una
psicóloga para contenerlo entre ambas. El día en que nada iba a cambiar, cambió
todo: empezó a tratarse por la diabetes y por la depresión.
El combo que presentaba Carlos Alberto Rodríguez no es
excepcional. En Argentina, más de una de cada 10 personas con diabetes tipo 2
sufre también depresión (el 11,8%), según los resultados de una investigación
internacional presentada en el último congreso de la Asociación Europea para el
Estudio de la Diabetes. Se trata de una cifra más que considerable si se tiene
en cuenta que la prevalencia del trastorno anímico dentro de este grupo duplica
a la registrada en la población general (5%, según la Organización Mundial de
la Salud).
“La investigación arrojó que el pronóstico de la diabetes y
la depresión en términos de gravedad de la enfermedad, complicaciones,
resistencia al tratamiento y mortalidad es peor para cualquiera de las
enfermedades cuando son comórbidas (se dan juntas) que cuando ocurren por
separado”, afirma la epidemióloga Catherine Lloyd, de la Universidad Abierta
del Reino Unido, quien lideró el Estudio Internacional de Prevalencia y
Tratamiento (INTERPRET-DD, por sus siglas en inglés), del que participaron 15
países y en el que Argentina aportó la única muestra de Sudamérica. Se
evaluaron en total a 3000 pacientes de ambos sexos, con una edad promedio de 54
años y 9 años de diabetes. Fueron examinados por equipos compuestos por
diabetólogos y psicólogos. Se les pidió que completen cuestionarios, se les
realizaron entrevistas, y se utilizaron sus registros médicos. Los resultados mostraron
amplias diferencias entre países con porcentajes de depresión de entre 1 y 30%
(ver tabla). El 11,8% de Argentina lo ubica dentro del tercio con tasas más
elevadas.
¿Cómo está?
“El diabético va al consultorio y de lo único que habla es
de la diabetes. Y el diabetólogo de lo único que le habla es de la diabetes,
pero nunca le pregunta cómo está de ánimo. Si le preguntara, encontraríamos el
doble de depresión en pacientes con diabetes”, sostiene Adriana Álvarez, médica
del servicio de Endocrinología del Hospital Italiano. Se calcula que por cada
persona con diabetes diagnosticada con depresión hay otra en igual condición
pero sin saberlo. “El hecho de que esté subdiagnosticada implica que está
subtratada. Y la depresión aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular y de
morbimortalidad. O sea, tener depresión aumenta el riesgo de enfermedad
cardíaca y siendo diabético, mucho más”.
Álvarez estudia hace casi 10 años esta compleja relación y
fue la encargada de liderar la pata local de la investigación internacional
junto a la psicóloga Mónica Guinzbourg de Braude, que coordina el equipo de
Psicodiagnóstico del servicio de Psiquiatría del Italiano. Si bien no existe
como una sección formal, ambas llevan adelante el área de psicodiabetología de
la institución, integrado también por el psiquiatra José Faccioli. En conjunto
tratan pacientes e investigan. “En Europa y Estados Unidos donde se le da mucha
importancia a cómo las enfermedades crónicas impactan en la calidad de vida es
un modelo muy común. Acá es novedoso”, dice Álvarez.
Fueron ellos tres los que contuvieron a Carlos. El de hoy, a
sus 54 años, es muy diferente al que se quebró en el consultorio tres años
atrás. Había pasado un mes internado en el hospital por un grave accidente en
moto que casi lo deja sin una mano. “Sospecho que me quedé dormido”, especula.
No lo recuerda. Tampoco recuerda cómo llegaba a su casa cada fin de semana
durante esas épocas. El alcohol y las drogas eran sus recursos para evadirse de
la depresión, enfermedad que incluso lo llevó a abandonar un trabajo como
empleado administrativo.
Una relación compleja
“No necesariamente todo paciente deprimido terminará
teniendo diabetes y tampoco el hecho de ser diabético automáticamente
predispondrá a que el paciente padezca de depresión. Para que esta asociación
se produzca tienen que intervenir más factores. Es sabido que la ansiedad y la
depresión constituyen respuestas espontáneas y propias de los individuos a distintas
experiencias y situaciones de la vida. El problema se genera cuando por la
intensidad y duración estas respuestas se convierten en fijas e influyen
afectando la rutina diaria. Allí es donde se necesita la opinión del experto
para evaluarlas y sugerir distintas opciones terapéuticas para contribuir a su
mejor evolución”, explica Braude.
Un amplio metaanálisis realizado en 2008 sobre trabajos
producidos desde 1950 concluyó que la depresión aumentaba un 60% el riesgo de
padecer diabetes. A la inversa, la asociación fue más débil, pero los
investigadores aclaran que el fenómeno había sido poco investigado y que se
necesitaba profundizar en el estudio de esa vinculación.
Ese fue el objetivo del trabajo del que Argentina participó
con 135 voluntarios. “En un estudio de estas dimensiones lo que buscás es ver
cuál fue el factor de riesgo para que tantos pacientes hicieran depresión
—explica Álvarez y prosigue—. Uno fue el sexo femenino, pero ya se sabe que la
depresión es más común en las mujeres y eso se replicó en la población
diabética. Lo más fuerte es haber tenido en el pasado algún episodio de
depresión. El antecedente personal de haber tenido algún episodio de depresión
lo hace, una vez que aparece la diabetes, más vulnerable a desarrollar
depresión.”
El uso de insulina también se asocia a mayor nivel de
depresión. Es que el hecho de que la metformina (una pastilla) y la dieta ya no
alcancen para controlar los niveles de glucosa en sangre, habla de evolución de
la enfermedad. Y la evolución de la enfermedad contempla la aparición de
complicaciones como retinopatías, problemas cardiovasculares y nefropatías,
entre otras. “El paciente piensa me puedo quedar ciego, puedo ir a diálisis, me
pueden cortar un pie. No es algo a lo que puedan ser indiferentes. El eje de la
diabetes es que salgas a hacer ejercicio y que comas saludable: una persona que
está deprimida no se puede levantar de la cama. No va a ir a hacer ejercicio, come
comida chatarra, lo primero que encuentra en la heladera. Es un círculo
vicioso”, comenta Álvarez, que además es coordinadora académica del sector
Diabetes del Italiano.
“El tratamiento demanda constancia. Cuando estás deprimido
no tenés ganas de nada. No te importa nada”, coincide Carlos. En su caso, el
antecedente de la depresión estaba. En 2007 le habían diagnosticado un cuadro
de depresión mayor. La factura llegaba después de años de reprimir lo que había
vivido a bordo del Crucero General Belgrano en plena Guerra de Malvinas siendo
un pibe. Estuvo en tratamiento durante un año, pero volvió a caer.
El accidente fue el disparador que motivó el cambio. Pasó
por 13 cirugías en un mes para salvar su mano. Con la ayuda de los
especialistas dejó el alcohol y las drogas (todavía no pudo contra el
cigarrillo), cumple con una dieta baja en azúcares y carbohidratos, toma la
medicación y se inyecta insulina a la mañana y a la noche. Y hace un mes empezó
a caminar una hora por día (“lo hago contento, no obligado”). El hábito del
ejercicio fue el último en adoptar. “Es que me tomo mi tiempo —admite con voz
suave y amable—. Hace un mes pedí un apto médico para inscribirme en el
gimnasio. Todavía no me fui a anotar. Pero ya lo haré”. Una vez por semana va
al psicólogo y cumple a rajatabla con sus visitas mensuales a la diabetóloga y
el psiquiatra. Para los profesionales que lo atienden es un ejemplo. También
para su familia (su mujer y sus hijas de 21 y 24 años), que lo acompaña y
apoya.
Dice Braude: “Los pacientes que padecen diabetes no solo se
ven afectados por los inconvenientes que le puede trae aparejada la enfermedad,
sino que también pueden sentirse emocionalmente sobrepasados por los cuidados
que demanda (indicaciones médicas, estudios y tratamientos). Si bien el tener
que aprender a cuidarse implica un trabajo más y a veces puede generar enojo o
estrés, el poder sobrellevar con una buena actitud y predisposición el problema
es un elemento que favorece la buena evolución. Las personas son mucho más que
la enfermedad que padecen y tienen a su mano recursos para poder enfrentar y
resolver los problemas que el cuidado de la diabetes les puede demandar.
Incluso hay personas que frente a estas circunstancias descubren en sí mismas
aspectos favorables que antes no conocían. El poder tener buenas relaciones de
afecto, familiares, de amistad y de trabajo, favorecen el sentirse cuidado y
poder cuidar”.
Qué hacer
Una de los hallazgos del reciente estudio -cuyos resultados
serán publicados en la prestigiosa revista JAMA, adelantaron las investigadoras
argentinas- es que entre las personas con diabetes, el diagnóstico registrado
de depresión y medicación o terapia es extremadamente pobre o inexistente. En
un artículo de Medscape, afirma Lloyd, “la mejora en la identificación de la
depresión y otros trastornos mentales y la garantía de que los afectados
tendrán acceso a tratamientos pueden conducir a una mejor calidad de vida,
mejor manejo de la diabetes y mejores resultados clínicos”.
La principal recomendación está dirigida a los profesionales
que atienden a estos pacientes. Además de tomarles la presión, el pulso de los
pies y llenar los miles de formularios para que puedan acceder a medicación e
insumos, al menos una vez por año deben preguntarle cómo están de ánimo. Y, en caso
de ser necesario, derivarlos. Sí, no es fácil en un sistema que acorta cada vez
más el tiempo de consulta que muchas veces obliga a atender lo urgente y dejar
de lado lo importante. “Tenemos que educar a los pacientes. Así como les
enseñamos cuáles son los síntomas de la hipoglucemia, debemos enseñarles cuáles
son los síntomas de la depresión. Si los tienen, tienen que golpear la puerta
del consultorio y decir 'doctor, necesito tratamiento'”, sugiere Álvarez, quien
también coordina el Grupo de trabajo de Aspectos Psicosociales de la Asociación
Latinoamericana de Diabetes.
Las especialistas en pedir ayuda suelen ser las mujeres.
Pero no para ellas, sino para sus parejas (“no lo puedo sacar de la silla, está
todo el día con el control remoto”). “Las familias pueden alertar, pero no
influir directamente, es el paciente el que debe tomar las riendas”.
Carlos acuerda: “Lo principal es mentalizarse uno. Estar
convencido de lo que uno va a hacer. Si no, te puede hablar todo el mundo,
aconsejarte, pero no vas a cambiar. Y después hay que pedir ayuda profesional.
A mí el combo diabetólogo, psicólogo y psiquiatra fue lo que me sirvió”.
Existe un arma poderosa y efectiva contra las dos
enfermedades: la actividad física. “Caminar 30 minutos por día mejora el estado
de ánimo y los niveles de glucosa. Y estar bien de ánimo ayuda a cumplir la
dieta. Además, la actividad física crónica mejora las endorfinas, las hormonas
que te dan placer. Y la serotonina, que es lo que está disminuido en los
deprimidos. Además, previene el Alzheimer, otra enfermedad que tiene el doble
de prevalencia en los diabéticos. Simplemente ponerse las zapatillas y salir a
caminar todos los días ayuda. Lástima que no lo venden en las farmacias”, se
lamenta la médica.
Álvarez subraya una cuestión que considera central: la
persona debe entender que no tiene culpa por sentirse mal. “A cierta edad, y
cuando uno tiene varias comorbolidades, el impacto en el estado de ánimo puede
ser una consecuencia de la enfermedad biológica. Tiene tratamiento y puede
curarse. La diabetes no se cura. La depresión sí”.
Algunas claves
- En Argentina, 1 de cada 10 adultos tiene diabetes. El 90% padecen el tipo 2 (son resistentes a la insulina o la producen en forma inadecuada).
- Los síntomas de la depresión abarcan: estado de ánimo irritable o bajo, trastornos del sueño, cambios en el apetito, cansancio o falta de energía, sentimentos de inutilidad y culpa, dificultad para concentrarse, inactividad y retraimiento, sentimientos de desesperanza y abandono, pensamientos de muerte, pérdida de placer.
Fuente: Diario Clarín - Ver más sobre Diabetes