Es la principal causa de discapacidad, y destacan que la
mayoría no recibe el tratamiento adecuado.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el
número de personas que sufre depresión “aumentó notablemente en las últimas dos
décadas”, afectando en la actualidad a más de 300 millones de hombres y mujeres
en el mundo.
Definida como un trastorno mental frecuente que genera un
cambio en el estado personal, en el que el individuo afectado es invadido por
sentimientos prevalentemente negativos (como tristeza, dolor, pesimismo, miedo
o amenaza), la depresión no es algo novedoso, sino que ya los griegos hablaban
de “melancolía” como una de sus formas.
“Cuando una persona padece depresión -alerta el psiquiatra
Hugo Barrionuevo- disminuye su posibilidad de hacer frente a los retos
habituales de la vida y afecta su capacidad para realizar las tareas cotidianas
más simples”.
El médico, también director del Centro de Estudios en Salud
Mental de la Universidad ISalud, agregó que “el deterioro de los vínculos
afectivos, la interrupción de la educación y la pérdida del empleo, son con
frecuencia algunos de sus efectos y en los casos más extremos puede llevar al
suicidio, que actualmente es la segunda causa de muerte entre las personas de
15 a 29 años”.
“La buena noticia -dijo- es que contamos con los
conocimientos y herramientas para hacer frente a esa problemática con bastante
eficacia. Y la mala es que un número importante de los afectados no es
detectado, un gran porcentaje no tiene acceso a los servicios de salud y una
porción importante de los que finalmente acceden no recibe el tratamiento
adecuado”.
Asi, para los especialistas, el desafío actual de los
sistemas de salud es entonces adecuar los dispositivos asistenciales para
favorecer el acceso a la detección temprana y al tratamiento adecuado y
oportuno.
Por su parte, el director del Centro de Investigación en
Neurociencia y Neuropsicología de la Universidad de Palermo, Gustavo Vázquez,
señaló que la depresión afecta más frecuentemente a las mujeres y que se
manifiesta generalmente entre los 25 y los 35 años.
“Cuanto más jóvenes empiezan con el cuadro clínico, peor es
el pronóstico, ya que hay más cantidad de episodios, mayor abuso de sustancias
y son más refractarios a los tratamientos. Por ello, el diagnóstico temprano y
adecuado es fundamental”, destacó el especialista, quien comentó además que se
trata de una enfermedad con alta recurrencia, por lo que “una tercera parte de
quienes sufren un episodio, volverán a tener otro”.
“Hay estudios que demuestran que si la entrevista se hace
con el paciente y un familiar presente, las posibilidades de acertar el
diagnóstico se duplican. Eso se debe a que muchas personas se olvidan de que en
algún momento estuvieron maníacos o hipomaníacos, ya que la depresión implica
una alteración cognitiva o de memoria, y cuando estuvieron hipomaníacos se
sintieron bien: estaban activos, dormían poco y tenían grandes proyectos, por
lo que no detectan ese período como una enfermedad”, apuntó.
“En un tratamiento tradicional -concluyó- lo ideal es
combinar lo psicológico y lo farmacológico, y la elección inicial depende de la
disponibilidad de ambas terapias”.
Fuente: Diario El Día - Ver más sobre Salud Mental