Hay avances esperanzadores pero la OMS advierte de algunos
indicadores sanitarios preocupantes.
Este 2017 que ahora termina ha dejado un estancamiento en
varios de estos indicadores que, de no cambiar, hacen difícil llegar a las
metas que están planteadas para dentro de 12 años. Y la victoria de Donald
Trump, con recortes en las partidas de cooperación internacional, deja una
terrible incertidumbre. Para seguir avanzando hace falta dinero, y Estados
Unidos es el mayor donante del mundo.
Por primera vez, la Fundación Bill y Melinda Gates ha
publicado este año el informe Goalkeepers, en el que hace balance de todo lo
conseguido y proyecciones para el futuro. Concluye que si el esfuerzo no
continúa, si los países no siguen aumentando sus partidas para luchar contra
los grandes males de este planeta, de aquí a 2030 se desandará parte del camino
recorrido.
No se puede decir que 2017 haya sido un buen año en cuanto a
la salud global, pero entre las noticias preocupantes, ha habido otras muy
esperanzadoras. Estos son algunos de los hitos —positivos y negativos— que ha
dejado el año.
Las paradojas del sarampión y las vacunas
La humanidad sabe cómo erradicar una enfermedad de la faz de
la tierra: la viruela no existe gracias a las vacunas. La poliomielitis va por
el mismo camino. Y, con estas mismas herramientas, se puede conseguir también
acabar con el sarampión, una enfermedad que en la mayoría de los casos es leve,
pero que en las ocasiones en las que se complica puede convertirse en mortal.
Esto produjo 90.000 muertes en el año 2016 (último del que hay datos), la
mayoría de niños menores de cinco años, aunque gracias a las inmunizaciones son
un 84% menos que en 2000.
En los países en desarrollo los esfuerzos están haciendo que
los casos se reduzcan drásticamente. En 2017 se erradicó de Bután y Maldivas.
En Nigeria e India, dos de los países con mayor prevalencia, este año se
hicieron campañas masivas que llevaron las vacunas a millones de niños.
Mientras esto ocurre, en los países ricos los movimientos antivacunas se
expanden sembrando un miedo infundado y haciendo que muchos padres decidan no
vacunar. Por su culpa, las tasas de inmunización están cayendo por debajo del
95% en algunos países, lo que provoca que la enfermedad esté resurgiendo,
incluso cobrándose vidas por una enfermedad totalmente prevenible.
Primeros pasos hacia una cobertura sanitaria universal
Este año se ha producido un cambio en la dirección de la
Organización Mundial de la Salud. Su nuevo líder, el doctor Tedros Adhanom
Ghebreyesus, tiene una prioridad clara durante su mandato: alcanzar la
cobertura sanitaria universal. En el mes de diciembre la comunidad
internacional ha firmado en Tokio una hoja de ruta para llegar a este objetivo
de aquí a 2030, aunque el camino no será fácil: hoy, 400 millones de personas
carecen, al menos, de uno de los servicios esenciales sanitarios. “Tenemos la
convicción de que la cobertura universal es un derecho humano, no un
privilegio. Es un escándalo que una familia tenga que elegir entre comprar
comida o medicinas. Es un escándalo que una madre pierda a su hijo porque
carece de una asistencia básica lo suficientemente cerca. No podemos aceptar un
mundo así”, dijo el pasado septiembre el director de la OMS en la sede de la
ONU.
Estancamiento en la lucha contra la malaria y la
tuberculosis
Dos de las enfermedades infecciosas más mortales siguen
matando casi al mismo ritmo que el año pasado. En sendos informes presentados
en el último trimestre de 2017, la OMS advertía de que la lucha de la malaria
está estancada por insuficiente financiación y que el ritmo al que avanza la
investigación y los tratamientos de la tuberculosis son insuficientes para
alcanzar los objetivos de erradicación de la epidemia.
La contaminación asesina
La contaminación es el mayor causante ambiental de muertes
del mundo. Supera de largo al sida, la tuberculosis, la malaria y todas las
guerras del mundo en curso sumadas. En 2015 fue la culpable de más de nueve
millones de muertes, el 16% de las que se registraron ese año. Se ensaña
especialmente con los pequeños. Según un informe dado a conocer por la OMS este
año, más de una cuarta parte de las defunciones de niños menores de cinco años
(1,7 millones) son consecuencia de la contaminación ambiental. Y las emisiones
no paran de crecer.
Avances contra las enfermedades olvidadas
Las que la OMS cataloga como enfermedades tropicales
desatendidas son un grupo de 21 dolencias (se han añadido tres este año) que
afectan a más de mil millones de personas de los entornos más vulnerables del
planeta. Este año, la organización ha constatado avances muy esperanzadores en
la lucha contra ellas. Estos son algunos: mil millones de enfermos fueron
tratadas por al menos una enfermedad tropical desatendida en 2015 (últimos
datos disponibles); 556 millones de personas recibieron tratamiento preventivo
para la filariasis linfática (elefantiasis); más de 114 millones de personas
recibieron tratamiento para la oncocercosis (ceguera de los ríos: el 62% de los
que lo necesitan). En el año 2016 solo se notificaron 25 casos humanos de la
enfermedad del gusano de Guinea, lo que puso a la erradicación al alcance de la
mano; los casos de tripanosomiasis humana africana (enfermedad del sueño) se
han reducido de 37.000 nuevos casos en 1999 a menos de 3.000 en 2015. El
tracoma, la causa infecciosa de ceguera más importante del mundo, ha sido
eliminado como un problema de salud pública en México, Marruecos y Omán.
El mayor brote de cólera y un plan contra él
La ONG Oxfam calificó el brote de cólera de Yemen de este
año como el “mayor de la historia”. Con más de 750.000 casos y más de 2.000
fallecidos, solo es comparable al que comenzó en Haití en 2010, que suma un
millón de casos, aunque en mucho más tiempo. También ha surgido otro en
República Democrática del Congo con más de 38.000 afectados. El cólera es
todavía un problema de salud pública en 47 países, en los que cada año se
registran 2,9 millones de infecciones y 95.000 muertes. En este contexto, la
ONU y sus socios han lanzado un plan para acabar con una enfermedad que es
prevenible mediante un adecuado saneamiento y vacunas. El objetivo: reducir las
muertes en un 90% y eliminar la transmisión en 20 países para 2030.
El hambre aumenta
El pasado septiembre la FAO daba una mala noticia al mundo:
el hambre repuntó por primera vez en los últimos tres lustros. Los expertos no
saben si los últimos datos son una nueva tendencia o algo puntual debido a las
crisis humanitarias que el mundo sufre. Hoy el 11% de la población está
hambrienta, frente a casi el 15% de 2005. La desnutrición en menores de cinco
años apunta una tendencia mucho más positiva: aunque aún la sufren 155 millones
de niños, la reducción desde 2005 ha sido de 6,6 puntos (del 29,5% al 22,9%).
Pero una vez más, no hay que caer en la autocomplacencia. Hay alimentos para
todos, así que la cifra debería ser el 0%, que es la meta para 2030 dentro de
los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Fuente: El País