La jueza Elena Liberatori dictó una medida cautelar que
obliga al Ministerio de Salud porteño a otorgarle un certificado de
discapacidad provisorio a una mujer que padece HIV, hepatitis C y Cirrosis. “No
resulta humana ni éticamente tolerable que se ponga en peligro su vida”,
aseguró, y citó las palabras del Sumo Pontífice.
Se trata de una mujer afectada de “múltiples y graves
enfermedades, como lo son HIV, hepatitis C y Cirrosis”, a quien le habían
extendido el certificado pero que en el año 2015, luego de que el Servicio Nacional de Rehabilitación
estableciera una reglamentación para la certificación “de enfermedades
discapacitantes de origen visceral”, tuvo que iniciar los trámites de nuevo
pero la Junta Médica que la revisó le denegó la renovación en dos
oportunidades.
La mujer denunció ante la Justicia que esa denegatoria se
enmarcó en “un cambio de tenor regresivo”, que “ha involucrado dar de baja a
70.000 personas que tenían el beneficio por discapacidad, hechos de público
conocimiento”
Invocando normas de la Constitución porteña como así también
tratados internacionales de Derechos Humanos, la jueza Liberatori consideró que
“la actora necesita de un determinado tratamiento integral y, en consecuencia,
la falta de su provisión le produciría un grave perjuicio a su salud y por ende
una violación del Estado al principio de No Regresividad en materia de derechos
fundamentales”.
“La medida aquí solicitada aparece como la única posibilidad
de evitar el daño actual e inminente que le produciría a la actora la falta de
acceso a las debidas prestaciones médicas y de otra índole, a las cuales
difícilmente pueda acceder por sí misma”, agregó la magistrada en otro párrafo
de su resolución, que fue publicada en el portal judicial.
En su decisión, Liberatori puso énfasis en que en el caso
“están en juego el derecho a la vida y a la salud” y que l a actora “fue
reconocida mediante un certificado de discapacidad como parte integrante de un
colectivo especialmente protegido por la Constitución local”. Por lo cual “no
resulta humana ni éticamente tolerable que se ponga en peligro su vida o se
agrave su condición de salud durante el trámite de estas actuaciones”.
Al final de su exposición, la jueza porteña recordó
“palabras del Papa Francisco” en ocasión de recibir en audiencia, en el
Vaticano, “a numerosas personas con discapacidad”, donde señaló que “la calidad
de vida en una sociedad se mide, en buena parte, por la capacidad de incluir a
aquellos que son más débiles y necesitados, por el respeto a su dignidad de
hombres y mujeres. Y la madurez se alcanza cuando tal inclusión no se percibe
como algo extraordinario, sino como algo normal”.
Fuente: Diario Judicial - Ver más Jurisprudencia