En 2018 se compraron 39 atados por persona, el promedio más
bajo desde 1944. Y en los hospitales de la Ciudad ya reciben dos pedidos de
ayuda por hora. Pero alertan que avanza el electrónico.
Argentina, 1981. Plena dictadura militar, Queen visitaba el
país y hacía delirar a los fanáticos en el estadio de Vélez, todavía se
celebraba el campeonato mundial de fútbol y también se llegaba a un récord: se
fumaban 77,6 paquetes de cigarrillos por persona. Pasaron muchos años, nuevas
leyes restrictivas, aumentos de impuestos, crisis económicas y cambios
culturales que implicaron que durante el año pasado cada argentino haya
consumido 39,1 paquetes: el número más bajo de los últimos 75 años.
El dato surge de estadísticas del Ministerio de
Agroindustria, que calcula la cantidad de paquetes de cigarrillos vendidos en
un año todo el país, lo divide por la población total calculada por el INDEC, y
de ahí saca el consumo aparente por habitante.
Ese promedio (39,1) cayó un 4,2% en el último año, un 17%
desde 2015 (cuando eran 47,1 paquetes) y 30% en la última década, ya que en
2008 aún se compraban 55,9 paquetes anuales por persona, 17 más que ahora.
Frente al récord de 1981 (78 paquetes anuales per cápita),
se está ya un 50% por debajo. No hay antecedentes de un consumo per cápita tan
reducido como el actual desde 1944, la época de la Segunda Guerra Mundial y del
inicio del peronismo.
¿Crisis económica? ¿Mayor conciencia social? ¿Cambio
cultural? Los motivos para intentar explicar esta caída en el consumo son
varios. La principal es el aumento de los precios, que forzó a muchos a reducir
las cantidades o directamente a intentar dejar el hábito. Hoy un atado de 20
unidades, de primera marca, ya vale unos $ 88.
Los expertos hablan además del efecto de varias medidas
adoptadas en los últimos años: “Las reformas fiscales que elevaron los
impuestos y que elevaron los precios, la prohibición de casi toda publicidad,
la restricción de fumar en múltiples ámbitos y las fuertes advertencias
gráficas en los paquetes son las claves para entender la disminución”,
considera Verónica Schoj, directora de Promoción de la Salud y Control de
Enfermedades Crónicas No Transmisibles de la Secretaría de Salud de la Nación.
Según la médica, el informe tiene datos "crudos y
preliminares", que sostendrían la hipótesis de que el consumo estaría
disminuyendo. De todos modos, remarca que eso se podrá confirmar recién en dos
semanas, con los resultados de la cuarta Encuesta Nacional de Factores de
Riesgo: “Estos números nos alegran, pero aún debemos esperar. Hay que saber que
en Argentina se mueren 40 mil personas por año por el consumo de cigarrillos y
que genera el 10% del gasto total de la salud pública”.
Desde el Programa de Prevención y Control del Tabaquismo en
la Ciudad de Buenos Aires, su director, Sergio López Costa, aseguró que en
Buenos Aires se fuma cada vez menos y para confirmarlo utiliza las cifras que
surgen de la cantidad de personas que consultan en los centros de informes para
dejar el hábito. En total, los pedidos de ayuda para romper ese lazo con el
cigarrillo aumentó un 38% en dos años: “En 2016 hubo 13.604 consultas, en 2017
se realizaron 16.352, mientras que en 2018 fueron 18.840”, dice el médico
especialista. Eso equivale a dos pedidos de ayuda por hora.
López Costa agrega que en los últimos años debieron crear
más centros de consultas porque la demanda era cada vez mayor. “Tenemos 32
centros distribuidos en toda la Ciudad donde la gente puede sacar turno y
atenderse de manera gratuita con especialistas. Algunos de manera individual y
otros de manera grupal”, suma.
Fuentes del sector tabacalero, que pidieron no ser
identificadas, lo que interpretan es que los datos de Agroindustria no implican
necesariamente que las ventas hayan caído, sino que se habría disparado el
consumo de productos ilegales, que no queda registrado.
En ese mercado afirman que un "creciente"
contrabando desde Paraguay, los paquetes con estampillas falsificadas y la
adulteración de marcas son en realidad las claves para entender esos números.
En la secretaría de Salud, de todos modos, opinan que todo eso no alcanzaría
para explicar todo lo que se redujo la venta en los últimos años.
Otra advertencia que preocupa y que muestra un ascenso cada
vez más marcado es el cigarrillo electrónico, prohibido por la Administración
Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) desde 2011.
Lo que alarma a los especialistas en este sentido es que los
pacientes que llegan a los consultorios dicen haber dejado el cigarrillo
clásico por el electrónico, como si ese cambio fuera un beneficio para su
salud: “Notamos una ignorancia grande, no son conscientes de que también es
adictivo y tiene graves consecuencias”, admite López Costa.
Su colega Schoj completa: “Nos preocupa lo que vemos en la
calle. El cigarrillo electrónico parece que se convirtió en algo ‘cool’ pero causa
el mismo daño que la nicotina clásica. Afecta en la iniciación de los más
chicos y culturalmente parece que está bien visto”.
Se llaman “Los luchadores”. Así es el nombre que tienen en
el grupo de WhatsApp. Se conocieron a principios del 2016 y ninguno tenía
relación con el otro. No compartían actividades y nunca se habían visto en sus
vidas. Sin embargo, a todos los unía la misma necesidad: querían dejar de
fumar.
Se vieron en una misma sala en el Centro de Salud de
Atención Primaria del barrio de Saavedra, uno de los 32 lugares en los que
atiende el Programa de Cesación Tabáquica de la Ciudad de Buenos Aires. Algunos
fumaban un atado por día; otros, como Iván Gracia, entre ocho y diez
cigarrillos, pero que no podía abandonar.
“Había intentado dejarlo por mi cuenta, pero no duraba más
que algunos días, entonces busqué y encontré que había grupos de autoayuda,
como los de Alcohólicos Anónimos, y fui. Hacía un año había tenido un fuerte
dolor en el pecho y me asusté, además había nacido mi hijo y no podía continuar
de esa manera”, cuenta Iván que es, casi como una ironía del destino, operador
socioterapéutico en adicciones.
“Iba todos los martes y nos hacían anotar los puchos que
fumábamos por día. Te enseñan a ser fuerte y te explican que la verdadera lucha
es contra uno mismo. Hoy llevo un año y medio sin dar una pitada, sin llenar
mis pulmones con humo negro, y estoy mejor que nunca”, cuenta. Y dice que todos
sus compañeros de grupo, con quienes todavía sigue hablando por WhatsApp,
también lograron dejarlo: “Nos llamamos ‘luchadores’ porque nunca se deja de
pelear contra las ganas, eso siempre está, pero estamos predispuestos a no
volver a tocarlo”.
En esa búsqueda está también Pabla Gauna, 54 años, que este
viernes tuvo su primera entrevista con una especialista en el Hospital Ramos
Mejía. Fuma desde los 18 años de manera consecutiva, aunque en realidad el
cigarrillo lo conoció cuando tenía 15: “En todo este tiempo traté de
abandonarlo, pero no pude. Mis hijas son las que más me insisten en que lo deje
y creo que llegó el momento”.
En su primera reunión con la doctora que la atendió le dejó
una tarea para el hogar: cortar los cigarrillos por la mitad. “Me dijo que es
una técnica para autoengañarme y ya lo estoy haciendo. Quiero poder volver a
bailar rock and roll como lo hacía antes, ahora me canso rápido. También,
claro, por mi salud: los últimos estudios que me hice no fueron muy buenos”.
Para algunos es una cuestión económica (“cuánto me ahorraría
si dejara de fumar”, piensan), para otros la muerte de un familiar o un amigo.
Para muchos cuando el médico le dice “tenés que dejar de fumar o te morís”.
Para Inés fue la promesa que le hizo a su papá cuando estaba internado por un
cáncer pulmonar a causa del tabaco: “Antes de fallecer me pidió que dejara el
cigarrillo para siempre, y le cumplí”.
La mujer de 42 años empezó a fumar cuando tenía 20, a causa
de que su novio lo hacía: “En mi familia también era habitual el cigarrillo. Un
día probé y no lo dejé nunca más, hasta que mi papá, ya internado, me miró a
los ojos y me pidió que lo deje. Hoy ya pasaron tres años de ese momento y, por
suerte, le dije ‘chau’ a ese veneno mortal”.
Beneficios inmediatos
Está comprobado que el cigarrillo está directamente
relacionado con la aparición de muchas enfermedades, como distintos tipos de
cáncer: de pulmón, laringe, faringe, riñón, hígado, vejiga; enfermedades
cardiovasculares como infartos, ACV, aneurismas; otras del tipo respiratorio
como bronquitis crónica, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC); e
infecciones respiratorias reiteradas. A eso se le suma que en las mujeres el
tabaquismo tiene graves consecuencias en el sistema reproductor.
Los beneficios al abandonar el tabaco, según los expertos,
se sienten de inmediato: a los 20 minutos la presión arterial y la frecuencia
cardíaca regresan a sus niveles normales. A las 8 horas, la respiración es más
profunda y hay una mejor oxigenación pulmonar. A partir de las 48 horas, se
normalizan los sentidos del gusto y el olfato, mientras que a las 72 horas, se
normaliza la función respiratoria. Además los hombres y mujeres que dejan de
fumar entre los 35 y los 39 años de edad ganan entre 3,2 y 5,1 años de expectativa
de vida.
Dónde consultar
En la Ciudad de Buenos Aires, se puede llamar a la línea 147
y solicitar información para el Programa de Prevención y Control del
Tabaquismo. La ubicación de los servicios gratuitos puede consultarse en este enlace.
A nivel nacional, el Programa Nacional de Control del Tabaco
de la Secretaría de Salud ofrece en su sitio web una guía de los centros a los
que se puede recurrir en las distintas provincias, y ofrece la línea gratuita
0800-999-3040 para mayor información.
Fuente: Diario Clarín - Ver más sobre Tabaquismo