Un informe de la OPS advirtió sobre el preocupante avance de
los ultraprocesados en la región. En el país, más de un cuarto de la energía
diaria proviene de ese tipo de productos, de muy baja calidad nutricional.
El informe muestra que las ventas de ultraprocesados
subieron 8,3%, de 408 a 441 kilocalorías (kcal) por día/por persona entre 2009
y 2014 (último año para el que se contaba con datos de Euromonitor), y se prevé
que aumentarán 9,2%, hasta 482 kcal en 2019 en promedio en la región, de
acuerdo a las proyecciones realizadas en base a datos de Argentina, Brasil, Chile,
Colombia, México, Perú y Venezuela.
Con casi 500 kilocalorías diarias aportadas por este tipo de
productos, Argentina se encuentra en tercer lugar detrás de Chile (700 kcal
aprox.) y México (por encima de las 500 kcal). En nuestro país, más de la mitad
proviene de las galletitas -que representaban en 2014 el 31,4% de la energía
alimentaria de todas las ventas de productos ultraprocesados- y las gaseosas
azucaradas (25%). En el top ten les siguen los caramelos (8,9%), los yogures
endulzados con aromatizantes (6%), tortas, pasteles y postres (5,6%), panes
industriales (5,3%), salsas y aderezos (3,9%), jugos y bebidas endulzados
(3,9%), snacks dulces y salados (1,9%) y bebidas lácteas con aromatizantes
(1,7%).
Si se toma como parámetro una dieta de 2.000 kcal para un
adulto con un nivel de actividad estándar, sólo galletitas y gaseosas
contribuyen al 15% del total. "Se calcula que del conjunto de alimentos
que consumimos, el 70% está proviniendo de alimentos con poco procesamiento y
alrededor del 30% de ultraprocesados. El gran motor de la epidemia de obesidad
y sobrepeso no es que la gente se deseducó y está boicoteando su salud sumando
calorías, sino que el consumo de productos ultraprocesados ha aumentado y sigue
aumentando", señala en diálogo con Clarín Sebastián Laspiur, consultor de
OPS Argentina en el área de enfermedades no transmisibles. En el país, entre el
60% y el 70% de la población está por encima de su peso saludable, según
resultados recientes de encuestas nacionales implementadas por la Secretaría de
Salud.
"Estamos observando el principio de una epidemia de
consumo de alimentos ultraprocesados" afirma Fabio da Silva Gomes, asesor
regional en nutrición de la OPS. "Su venta crece desproporcionadamente en
comparación con la de otros alimentos, invadiendo los platos con productos que
no contribuyen a la buena salud", añade.
Qué son los ultraprocesados
Los productos ultraprocesados suelen contener pocos o ningún
alimento entero. Son formulaciones industriales principalmente elaboradas a
base de sustancias extraídas o derivadas de alimentos, además de aditivos que
les dan color, sabor y textura atractiva. Son productos listos para el consumo,
duraderos y accesibles. A nivel nutricional están desequilibrados: los 250
productos (divididos en 89 categorías) analizados en el informe excedieron los
niveles recomendados de azúcares libres, grasa total, grasas saturadas o sodio.
Dos tercios de ellos superaron superaron el nivel recomendado en forma
simultánea en dos o tres de esos nutrientes críticos. En contrapartida, el
aporte de proteínas hallado fue ínfimo (5%). Desde OPS también destacan el bajo
contenido de proteína, fibra alimentaria, minerales y vitaminas.
"Una barra de cereal azucarada puede tener las mismas
calorías que una manzana. El problema no son las calorías, sino de dónde
vienen. No es lo mismo el azúcar que está contenido en la fruta naturalmente
que el añadido. Lo mismo ocurre con la grasa", dice Laspiur. Además de las
diferencias en sus nutrientes, los productos ultraprocesados ofrecen saciación
débil ("el tiempo en el que se vuelve a tener hambre después de comerlos
es mucho más corto"), destaca.
"Argentina consume una altísima cantidad de galletitas
y productos panificados, lidera el consumo de gaseosas y de bebidas azucaradas
a nivel mundial y no hubo ninguna política que tendiera a que eso se modifique,
todo lo contrario. Y que golosinas ocupe el tercer lugar tampoco sorprende,
especialmente en población infantil", afirma consultada por este diario
Verónica Schoj, directora nacional de Promoción de la Salud y Control de
Enfermedades No Transmisibles. "Los patrones alimentarios son muy malos,
pero son mucho peores en los más chicos y son francamente peores en las
poblaciones en situación de mayor vulnerabilidad, de menores ingresos",
enfatiza.
Eso quedó evidenciado en la 2da Encuesta Nacional de
Nutrición y Salud, cuyos resultados fueron presentados el mes pasado y que
arrojaron que en paralelo con un consumo deficiente de alimentos recomedados
(frutas y verduras, lácteos, legumbres, carnes y huevo), a diario el 37% de la
población toma bebidas azucaradas y el 17% consume productos de pastelería y
galletitas dulces. Mientras que el 36% y el 15% come productos de copetín
(snacks) y golosinas, respectivamente, al menos dos veces por semana, un nivel
de consumo considerado "extremadamente alto" y que es todavía más
alarmante en los chicos. Los resultados indican que niños y niñas consumen un
40% más de bebidas azucaradas, el doble de productos de pastelería y galletitas
dulces, el doble de snacks y el triple de golosinas respecto de los adultos.
Regulación, una deuda pendiente
El informe de OPS concluyó que el 43% de lo que aportan los
ultraprocesados es azúcar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda
que el azúcar simple (fuente de "calorías innecesarias") no supere el
10% de las necesidades energéticas totales. Pero hace una recomendación más
exigente, de bajarla al 5%, para mayores beneficios en la salud. "En
Argentina estamos en un 30%", precisa Laspiur.
"En el país tenemos una deuda pendiente por varias
cuestiones: no tenemos una regulación eficiente ni de publicidad, ni etiquetado
de alimentos y no tenemos una ley que regule entornos escolares, que deben ser
entornos protegidos", afirma. Este año, la Secretaría lanzó el Plan
Nacional de Alimentación Saludable en la Infancia y la Adolescencia (Plan ASÍ),
que busca avanzar en mecanismos regulatorios hacia 2023.
Continúa Laspiur: "Probablemente los padres les estén
dando a sus hijos cereales en el desayuno y jugos artificiales con buena intención.
Una gaseosa de 600 ml. tiene 12 cucharaditas de azúcar. No hay forma de que la
población sepa la cantidad de azúcar agregada que tienen los alimentos, viene
oculta porque aquí el etiquetado no
tiene la obligación de expresar la cantidad de azúcar agregada".
Según el especialista, en el país hay una "enorme
necesidad" de avanzar en advertencias frontales (el famoso etiquetado),
"por una cuestión de salud, pero también de derechos". Así como de
avanzar en políticas fiscales y regular la publicidad de productos
ultraprocesados dirigida a niños y niñas desde el envase, pasando por los
sitios de venta y los medios de comunicación. Las medidas apuntan a frenar el
avance de la epidemia de sobrepeso y obesidad.
Chile, Uruguay y Perú ya tienen etiquetado frontal de
advertencias y México acaba de aprobar una reforma para incorporarlo. Salvo
Uruguay, donde salió por decreto, en la mayoría de los países avanzó motorizado
por el poder legislativo, con sanción de leyes. En Argentina, la vía del
Ejecutivo se encuentra empantanada. "Para cambiar el código alimentario se
necesita una resolución conjunta entre las secretarías de Salud y
Agroindustria, pero no se logró viabilidad en esa discusión", dice Laspiur
sobre las idas y vueltas entre los modelos en pugna propuestos por ambas
secretarías. Salud impulsaba el de sellos negros avalado por OPS, pero
resistido por la industria.
Y concluye que además de su vínculo con la epidemia de
sobrepeso y obesidad, no hay que perder de vista el impacto de los
ultraprocesados en el medio ambiente "porque generan mucha contaminación a
través de los envases y el insumo para producir la mayoría son monocultivos
(soja, trigo y maíz). También son un problema para el empleo, ya que son
elaborados por empresas internacionales que globalizaron la producción y el
consumo desplazando a las economías regionales".
Fuente: Diario Clarín - Ver más sobre Alimentación