Es un aumento de 15% en diez años. La mayor incidencia, en
sectores de bajos recursos.
Si bien el embarazo adolescente ocurre en todo el mundo y en
todos los niveles socioeconómicos, está absolutamente emparentado con la
educación y la pobreza. Las chicas de grupos marginados son, al menos, tres
veces más propensas a quedar embarazadas que sus pares de zonas urbanas más
educadas.
“En Argentina la tasa de fecundidad adolescente tardía
(entre 15 y 19 años) ha descendido de manera lenta pero contínua desde 1980
(año en que alcanzó el nivel más alto registrado de 80 por mil) hasta el 2003
(56,7 por mil). A partir de ese año, comenzó a ascender alcanzando en el 2010
el 67,4 por mil, lo que representa un aumento del 17%”. Los datos son de
Georgina Binstock (CENEP, CONICET) y Mónica Gogna (IIEGE, CONICET), que
hicieron una investigación subsidiada por la Organización Mundial de la Salud y
UNFPA Argentina.
Un informe de UNICEF elaborado en base a datos del
Ministerio de Salud de la Nación 2013, también da cuenta del aumento en la tasa
de fecundidad adolescente precoz (10 a 14 años), que pasó de 1,8 en 2001 a 1,9
en 2011. Es decir, la tasa de fecundidad adolescente total aumentó un 15% en la
última década. Y representa el 15% del total de nacimientos en el país, que
rondan los 750 mil al año.
En las conclusiones de la investigación, Binstock y Gogna sostienen
que “la mayoría de los embarazos que ocurren durante la adolescencia no son
planificados ”. Mabel Bianco, de FEIM, lo suscribe y dice que el 69% de esas
madres adolescentes no buscó ese bebé. Y que si bien la tasa de fecundidad
adolescente en el país es del 15,7%, en las provincias del Noroeste y Noreste
la tasa trepa al 25%. “Y en los embarazos precoces, de 10 a 14 años, se
entiende que hubo abuso, no han sido consentidos”, agrega. En 2010 nacieron
3.117 bebés de mamás entre 10 y 14 años.
“El embarazo en la adolescencioa ocurre, en algo más de la
mitad de los casos, cuando las jóvenes ya están fuera del sistema educativo. Y
entre quienes están aún escolarizadas el embarazo suele poner fin a
trayectorias educativas que ya presentaban algunas dificultades”, dicen
Binstock y Gogna.
¿Por qué la situación está empantanada o incluso empeora?
“La educación sexual no llega a la escuela, falla el sistema
de salud que no atiende correctamente a los chicos, no se accede fácilmente a
los anticonceptivos”, dice Bianco.
Para Binstock y Gogna, “debe ponerse el foco en la calidad
de la consejería anticonceptiva. Diversificar la oferta de métodos como el DIU
y los inyectables, así como aumentar el acceso a la anticoncepción hormonal de
emergencia. Son desafíos que los servicios de salud reproductiva para
adolescentes deberían encarar de manera sistemática”.
Fuente: Diario Clarín