La Cámara alta del parlamento belga aprobó en diciembre una
ley que hace posible la eutanasia en menores de edad.
Minelli, ya en el otoño de su vida, sigue luchando y desde
hace 15 años se ocupa, dia y noche de la muerte, naturalmente no de la suya,
sino de la de sus semejantes, que decidieron hacerse socios de Dignitas, una
organización fundada en 1998 por el propio Minelli, destinada a ofrecer ayuda
práctica a todas las personas que desean poner fin a sus vidas.
El suicidio, según Minelli, es un derecho humano y ese
derecho es válido para los suizos y para todo ser humano que puebla el planeta
tierra. Por eso, Dignitas adquirió la inédita fama de ser la única organización
que abrió sus puertas a los extranjeros y les hace posible que viajen a Zúrich
para ayudarles a morir, una asistencia legal que ha convertido a la ciudad en
la capital mundial del llamado “turismo de la muerte”.
Aunque Minelli fundó Dignitas en mayo de 1998, el nombre de
su organización y el suyo propio comenzaron a sonar en Europa en 2000 cuando el
abogado admitió que había ayudado a morir a tres extranjeros En los últimos 15
años, Dignitas ha ayudado a morir a más de 2.000 personas, y en la actualidad
cuenta con más de 6.500 miembros, de los cuales unos 2.700 son alemanes, que
alimentan la cuenta bancaria de la organización con una cuota anual de 196
euros.
La existencia de Dignitas y de Exit, otra organización suiza
que también ofrece el exclusivo servicio de ayudar a la gente a poner fin a sus
días de forma voluntaria, corrió un serio peligro en mayo de 2011 cuando la
población del cantón de Zúrich fue convocada para manifestarse sobre dos
iniciativas que buscaba prohibir el suicidio asistido o limitarlo solo a los
ciudadanos locales.
Pero lo electores del cantón rechazaron, por una amplia
mayoría, las dos iniciativas, una decisión que reanimó un debate europeo que
nunca ha dejado de perder actualidad. Varias encuestas recientes señalan que una
vasta mayoría de la población de Europa Occidental está a favor de legalizar el
suicidio asistido, una práctica que solo es legal en Suiza, Bélgica. Luxemburgo
y Holanda.
“En todos los países europeos existen señales que indican
que el actual sistema legal no refleja el deseo de una vasta mayoría de la
población en esta materia”, señala un comunicado de la Asociación suiza de
Abogados Médicos”, que llevó a cabo una encuesta en doce países europeos-. “El
resultado de la encuesta debería mostrarle a los políticos que es necesario
legislar al respecto”.
El debate sobre el “suicidio asistido” adquirió una inédita
actualidad gracias a las declaraciones recientes de dos europeos famosos: el
teólogo Hans Küng y el astrofísico Stephen Hawking, quienes defendieron el
suicidio asistido para enfermos terminales.
“Las personas que padecen una enfermedad terminal y sufren
mucho dolor deberían tener el derecho de acabar con sus vidas, y aquellos que
les ayuden no deberían ser perseguidos por la justicia”, declaró Hawking en una
entrevista emitida por la BBC. “no dejamos que los animales sufran. Entonces,
por qué hacerlo con los seres humanos”, insistió el científico de 71 años, cuyo
cuerpo se encuentra totalmente paralizado por la esclerosis lateral
amiotrófica.
Hans Küng, quizás el teólogo más famoso de Europa y que tuvo
la osadía de cuestionar el dogma de la infalibilidad de los Papas, admitió en
una entrevista con la revista der Spiegel su decisión de recurrir al suicidio
asistido para poner fin a su vida a causa de la progresión que sufre de la
enfermedad de Parkinson y el temor de perder completamente la visión.
“El ser humano tiene el derecho a morir cuando ya no tiene
ninguna esperanza de seguir llevando a cabo lo que según su entender es una
existencia humana”, dijo el teólogo de 85 años. “No quiero seguir viviendo como
una sombra de mi mismo”, añadió, al revelar que era miembro de la organización
EXIT y que la escenificación de su muerte sería su última protesta contra el
poder oficial de la Iglesia Católica.
El debate recién ha comenzado y fue alimentado por otra
polémica decisión, esta vez, adoptada por la Cámara alta del parlamento belga,
que aprobó a comienzos de diciembre una ley que hace posible el suicidio
asistido en menores de edad, siempre y cuando el menor sea capaz de discernir,
tenga una enfermedad incurable y se encuentre en fase terminal. Para ello
debería recibir el diagnóstico de un equipo médico así como el acuerdo de los
padres.
En Holanda, el otro país europeo donde el suicidio asistido
es legal desde 2002, aun no se apaga la polémica de una iniciativa popular que
pedía aplicar la medida a todas las personas que la solicitaran, siempre y
cuando hubieran cumplido una condición: haber cumplido 70 años.
Un grupo de intelectuales y políticos reunidos bajo el lema
“Por voluntad propia”, había logrado reunir más de 125.000 firmas para exigir
al parlamento que legislara al respecto. “La vida es un derecho, no un deber. Y
la ayuda al suicidio debe legalizarse, a partir de los 70 años para las personas
que no desean seguir viviendo”, señalaba la iniciativa. El parlamento la
rechazó, pero la polémica sigue viva.
Fuente: Diario El País