Es la primera vez que se utiliza la clonación a partir de
las células de un paciente adulto. No se trata de una cura para la diabetes, pero sí de un
avance en medicina regenerativa. Otro grupo ha aplicado este procedimiento pero en varones
sanos de 35 y 75 años.
En 2013, el grupo de Shoukhrat Mitalipov y Masahito
Tachibana fue el primero que dio con la receta adecuada para conseguir la
transferencia nuclear (conocida popularmente como clonación terapéutica) con
células humanas. Ellos emplearon cafeína y estimulación hormonal entre otros
muchos factores para tener éxito. Ahora el grupo encabezado por Dieter Egli y
Mark Sauer, de la Fundación de Células Madre de Nueva York (EEUU), utiliza otra
fórmula magistral más refinada para hacer lo mismo pero acercando más esta
técnica a la práctica clínica pues han obtenido células productoras de insulina
clonando fibroblastos (células de la piel) de una mujer de 32 años que llevaba
10 años con diabetes.
No es la primera vez que este equipo neoyorquino intenta esto.
En 2011, logró generar células secretoras de insulina de pacientes con diabetes
tipo 1. Sin embargo, en aquella ocasión, esas células no eran viables para su
uso clínico pues tenían una carga extra de material genético. Casi tres años
después, y con cambios en su metodología, han demostrado que se pueden
conseguir células madre embrionarias idénticas a las de un paciente y después
transformarlas bien en neuronas, células duodenales o bien en células
productoras de insulina. No se trata de una cura para la diabetes, pues en esta
enfermedad lo que está alterado es el sistema inmunológico del paciente que
destruye las células secretoras de insulina y habría pues que solucionar ese
problema inmunitario para conseguir un tratamiento exitoso. No obstante, es una
prueba de concepto de que se va por buen camino.
"Desde el inicio, el propósito de este trabajo ha sido
fabricar células madre específicas de una persona adulta con diabetes tipo 1
que pueden dar pie a las células perdidas por la enfermedad", explica en
un comunicado el doctor Egli. "Al reprogramar las células a un estado
pluripotente y derivarlas en células beta, ahora estamos un paso más cerca de
poder tratar a pacientes diabéticos con sus propias células productoras de
insulina".
Por su parte, el grupo de Robert Lanza, jefe científico en
Advanced Cell Technology, publicó hace menos de dos semanas en la revista Cell
Stem Cell un trabajo muy similar al de Egli pero en lugar de clonar las células
de un paciente lo hicieron con dos voluntarios sanos. En su caso, este equipo
modificó, de otra manera distinta a como lo ha hecho el grupo de Egli, la
técnica de Mitalipov.
La clave del éxito para lograr la transferencia de núcleos y
el posterior desarrollo de una línea celular, como explica a este periódico
Young Chung, del equipo de Lanza y científico del Instituto de Investigación en
Células Madre en el CHA Health System en Los Ángeles (EEUU), "es elegir
adecuadamente los óvulos de donantes y ajustar el tiempo de incubación tras la
fusión con el núcleo de la célula adulta".
Lanza, uno de los investigadores más prestigiosos en este
campo, señala a EL MUNDO que esas modificaciones facilitan la formación de
embriones y evitan alteraciones en el ADN embrionario. Estos cambios han
permitido "generar células madre específicas de pacientes que podrían
utilizarse para tratar un amplio rango de enfermedades relacionadas con la
edad", afirma. El grupo de Mitalipov probó esta técnica a partir de
células neonatales y fetales, pero "en nuestro estudio, demostramos que la
clonación funcionó utilizando células de la piel de dos varones sanos, uno de
35 años y otro de 75, a pesar de los cambios epigenéticos asociados con la edad
que podrían dificultar la reprogramación".
En cuanto a si esta técnica desplazará a las iPS, el método
creado por el japonés Shinya Yamanaka para reprogramar las células sin utilizar
embriones, la respuesta todavía no se conoce. "De momento, lo que estos
trabajos demuestran es que el viejo método de la clonación y del empleo de
células madre embrionarias se está revitalizando. Aunque la reprogramación de
Yamanaka es fantástica, su aplicación a nivel clínico es difícil [porque se ha
demostrado que las iPS no son idénticas a las células madre embrionarias] ya
que para su obtención se necesita una excesiva manipulación", explica
desde Stanford a este periódico Carlos Simón, donde es profesor autónomo de
esta universidad californiana.
De la misma opinión se muestra Lanza: "todavía no
sabemos qué funciona mejor, terapéuticamente hablando, si las células iPS o la
clonación. Algunos expertos están diciendo ahora que la clonación puede ser la
única forma de reprogramar verdaderamente las células". Aunque su
compañero Chung se moja un poco más: "creo que la calidad de las células
madre obtenidas después de la transferencia nuclear parecen mucho mejor que la
de las células iPS".
Para Angel Raya, director del Centro de Medicina
Regenerativa de Barcelona (CMRB), la clonación "es una herramienta más
dentro del arsenal de células para entender procesos biológicos y quizás, en un
futuro, tratarlos. Además, servirá para comparar las iPS y conocer qué sistema
reprograma mejor". Este experto señala también que estos dos trabajos eran
"algo que la comunidad científica estaba esperando para confirmar que el
trabajo de Mitalipov se podía reproducir y que no era un fraude como el del
coreano Woo Suk Hwang, que quedó como un estigma en este campo".
Además de no saber cuál es la mejor herramienta celular, hay
que tener en cuenta la dificultad de obtener suficientes óvulos para llevar a
cabo la transferencia nuclear. Sin embargo, Lanza no lo considera un obstáculo
importante. "En el futuro, no hará falta hacer cientos de millones de
líneas celulares, específicas para cada paciente", asegura. Y afirma que
bastará con tener un banco de las líneas que sean representativas de los
perfiles genéticos más comunes, de la misma manera que los órganos se
trasplantan sin ser totalmente compatibles, así se podría hacer con estas
células. "En Estados Unidos bastarían 100 líneas de células madre
embrionarias para la mitad de la población. En Corea o en Japón, seguramente se
consiga con menos de una docena de líneas", explica Lanza.
Por último, hay que tener en cuenta que la técnica de la
clonación no está exenta de cuestionamientos éticos. En un comentario que
publica la revista Nature, Insoo Hyun, profesor de Bioética en la Case Western
Reserve University de Cleveland, Ohio (EEUU), apunta que, a diferencia del
Reino Unido o Australia, que cuentan con unas agencias de regulación que
revisan, y autorizan o no, cada investigación en este campo, Estados Unidos no
cuenta con un sistema similar debido a que durante muchos años estuvo prohibida
la financiación estatal con células madre embrionarias. En este país, es cada
organismo o centro investigador el que, mediante un comité, revisa y establece
el protocolo necesario para aprobar cada experimento. Sin embargo, Hyun
considera que "los mejores mecanismos de revisión se construyen cuando
existen prácticas regulatorias".
Fuente: Diario El Mundo
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