Lo afirma un informe de la entidad que los nuclea. También
advierten por la alta carga laboral y los bajos salarios.
El panorama no termina ahí, ya que no sólo trabajan más de
lo aconsejado, sino que además son pocos. "En la actualidad hay 1.200
intensivistas para las 9.116 camas disponibles en todo el país. Faltan entre
1.500 y 2.100 especialistas para poder atender la demanda creciente",
explica el doctor Alejandro Risso Vázquez, coordinador médico de Terapia
Intensiva del Sanatorio Otamendi y Mirolli y vocal titular del Colegio
Argentino de Terapia Intensiva (CATI).
En la Argentina, agrega Risso Vázquez, existen 854 Unidades
de Terapia Intensiva (UTI) hospitalarias que, en promedio, tienen 10 camas.
Pero no es suficiente. La especialidad enfrenta el desinterés de médicos
jóvenes: los salarios son bajos, las condiciones de trabajo complicadas y hay
un impacto muy negativo sobre la salud física y emocional de los mismos
especialistas al cabo de algunos años "en la trinchera", como ellos
mismos suelen decir. Como contrapartida, aumenta el número de potenciales
usuarios, todos aquellos que atraviesan alguna situación crítica y cuya vida
está en riesgo: pacientes trasplantados, bebés prematuros que necesitan
cuidados especiales para sobrevivir, gente mayor que vive más tiempo pero se
enferma más y con mayor gravedad, convalescientes de complicadas cirugías,
enfermos que no pueden respirar por sus propios medios, accidentados,
politraumatizados, víctimas de violencia.
Si bien la investigación de la SATI arrojó que en el sector
público un 70% de las UTI mantiene la proporción correcta de un médico cada
ocho camas, pero en el 30% de los casos relevados se registraron 12 camas por
médico, especialmente en el sector privado y en provincias como Salta, Santiago
del Estero o, incluso, en la de Buenos Aires.
Junto con la pasión por salvar vidas, los médicos de terapia
enfrentan la amenaza cotidiana de lidiar con pacientes infectados con gérmenes
multiresistentes, trabajan en un clima donde el ruido de los aparatos -como
respiradores o alarmas- es muy alto, se exponen a rayos X y a las presiones de
las familias, siempre angustiadas y expectantes por el paciente que ellos deben
cuidar. "El desgaste es enorme en este sentido, especialmente desde que
Internet alimenta opiniones y posturas de todo tipo, y son cada vez más
frecuentes los brotes de violencia contra el equipo de salud", señala
Laura I. de Rosa de Vidal, jefa de la Unidad de Terapia Intensiva del hospital
Pablo Soria, de San Salvador de Jujuy.
La situación también adquirió sesgo de género. "En los
últimos años -dice Carina Balasini, presidente del CATI y médica del Hospital
Interzonal de Agudos General San Martín de la Plata-, aumentó el número de
médicas en la especialidad. El 40% son mujeres jóvenes, en edad fértil, que
cumplen dos guardias semanales, lo que implica estar 100 días por año fuera de
sus hogares. Y en algunos hospitales de la provincia de Buenos Aires, cuatro de
cada 10 tiene más de dos guardias semanales para llegar a un salario
digno".
"Otra cuestión muy importante -agrega Balasini-, es que
no todos los servicios tienen jefes o coordinadores especialistas en cuidados
críticos, sino cardiólogos, clínicos, generalistas, internistas. Y no es un
problema menor. Está bien demostrado que la falta de especialistas aumenta la
mortalidad de la terapia intensiva. Cuando un familiar ingresa a la UTI, la
gente debe tener en cuenta que si no es atendido por un especialista enfrenta
un mayor riesgo de muerte".
Las jornadas extenuantes conspiran contra una buena atención.
"En países como EE.UU, Canadá, España, Francia o Australia han incorporado
la jornada de 8 a 12 horas, algo hacia lo que tiende también Brasil. Se ha
visto que la reducción horaria beneficia tanto a los médicos como a los
pacientes", añade Risso Vázquez. En el país las jornadas no se reducen y
tampoco se respetan los 10 años de guardia activa ininterrumpida como máximo.
"En la mayoría de los casos los especialistas deben continuar 20 años o
más. Hay poca salida laboral fuera de las guardias y, en el ámbito privado,
como no existe relación de dependencia, quien deja de trabajar, deja de
cobrar", señala De Rosa de Vidal.
Los bajos salarios y las condiciones laborales son otra de
las preocupaciones. "En el ámbito público los médicos intensivistas están
en relación de dependencia -dice Risso Vázquez-, aunque eso no significa que
los salarios sean mejores que en el sector privado: la remuneración de bolsillo
por el cargo de médico de terapia con nombramiento de 36 horas semanales
asciende a $ 7.900 en la provincia de Buenos Aires. En la Capital puede ser de
alrededor de $ 11.500 netos. Sin embargo, hay muchos colegas que no están en
blanco y cobran por guardia realizada". En Córdoba, Santiago del Estero,
Salta o Tucumán, hasta un 90% de los médicos de la UTI son monotributistas y
por una guardia de 24 horas facturan unos $ 1.200. "En Capital y en
centros de salud privados se paga mejor, de 2.000 a 3.500, pero siempre sin
relación de dependencia", puntualiza el especialista del Otamendi.
"De las becas de especialización que ofrece el
Ministerio de Salud de la Nación, se cubren solamente el 42% para la
especialidad -expresa Martín Deheza, vicepresidente del CATI y Jefe del
Servicio de Terapia Intensiva del hospital Rivadavia-. En otras especialidades,
como Anestesiología o Anatomía Patológica, la demanda se agota o supera la
oferta. Es que si alguien piensa en tener una familia o llevar una vida como la
mayoría, simplemente no puede optar por la UTI".
Fuente: Diario Clarín