martes, 16 de septiembre de 2014

Los u$s40.000 millones del gasto en salud y la fantasía de una caja única

Las deficiencias en el sistema mixto habilitan la pregunta: ¿no sería mejor uno público, que centralice el gasto? Las prepagas discuten con el gobierno el  ajuste de las cuotas de octubre (7,5%) y de diciembre (9%), paliativos a los costos crecientes.



El gasto total en salud el año pasado rozó el equivalente a 40.000 millones de dólares, alcanzando una envergadura similar a la de Francia o Canadá, pero con una calidad de prestaciones inferior y en el marco de un sistema cada vez menos equitativo. ¿Qué servicio podría garantizarse a cada argentino si esa voluminosa caja tuviera un manejo centralizado bajo pautas de eficiencia y solidaridad?…

No es una fantasía de trasnoche sino una especulación fundada en la experiencia de otros lugares del mundo. Los médicos argentinos miran con afán profesional el modelo norteamericano, técnicamente competitivo y poco solidario, que se sostiene a razón de 11.000 dólares de gasto anual per cápita, contra los mil locales.

Sin embargo, no hay dudas de que desde la perspectiva de calidad y justicia redistributiva, el molde más apropiado es el británico, al que muchos admiran, incluyendo los profesionales argentinos. El esquema de Gran Bretaña acentúa un rasgo común al europeo: el grueso del gasto corresponde al Estado, principal responsable de un servicio de alta calidad y amplia cobertura.

En la Argentina sólo el 27 por ciento del gasto corresponde al sistema público –nacional, provincial o municipal–, que debe atender a las 16 millones de almas que no tienen otra opción. Éste coexiste con el semipúblico de las obras sociales, que se nutre con una porción del salario de los trabajadores en actividad, y con el privado propiamente dicho, sostenido con aportes voluntarios.

Sólo el sistema público garantiza una cobertura universal, el rasgo más democrático del sistema local. Pero ésta se superpone con la de los otros sistemas, generando una ineficiencia importante.

En el otro espacio de la escena actúan dos formas de organizaciones empresarias. Por una lado están las obras sociales y otras entidades bajo el formato jurídico de fundaciones sin fines de lucro, que por ello no tributan Ganancias y, según aseguran, reinvierten íntegramente cualquier saldo a favor. Por el otro, las prepagas y otras proveedoras de servicios, manejadas con el obvio criterio de rentabilidad de cualquier empresa y que captan a la población con mayor capacidad contributiva.

Según el último informe de Oscar Cetrángolo y Ariela Goldschmit, Sistema de Salud Argentino…, existen 280 obras sociales y 300 entidades estrictamente privadas que tienen un rol relevante por el trabajo que generan (390.000 profesionales) y el alto nivel de especialización de los ocupados. Otra vez vale la pregunta: ¿y si todos formaran parte de un único plantel estatal dignamente remunerado?…

Un tercio del gasto total en salud es costeado por el bolsillo de cada consumidor. Éste contribuye vía impuestos (Rentas Generales) a sostener el servicio público. Pero paga de modo directo medicamentos y un servicio personalizado y de más calidad, que promete ser cada vez más caro.

De acuerdo con un informe que Acami (Asociación Civil de Actividades Médicas Integradas: Osde, Cemic, Fundación Favaloro, Hospital Italiano, Británico, Fleni, etcétera) presentará mañana en el XVII Congreso Argentino de Salud, en todos los países los costos médicos vienen creciendo por encima del índice de precios al consumidor. En la Argentina, esa carrera habría generado una brecha del 50% a favor de los primeros desde el 2001.

Más costos: tecnología y juicios

Las prestadoras privadas de prepago –sean organizadas como sociedades anónimas (ej. Swiss Medical) o fundación (hospitales de comunidades)– están discutiendo con la Secretaría de Comercio los nuevos ajustes a su tarifa regulada. Ya fue habilitado para octubre el tercer aumento del año, que asciende a 7,5%, insuficiente para esas compañías, que esperaban un 9 a partir de septiembre.

A instancias de Augusto Costa no aplicaron copagos desde el lunes, con una zanahoria: tener un punto adicional en la cuarta suba, prevista para diciembre, para totalizar el 10%. Así los ajustes del servicio prepago en el año habrá subido un 34 por ciento.

La tecnología y la especialización de los profesionales cuesta y mucho. A este dato insoslayable se le añaden algunos que desnudan ciertas ineficiencias, amén de la superposición de coberturas. La menospreciada atención primaria (clínico con visión general y preventiva) hace que se acuda rápido al especialista que, a su vez, pide estudios específicos caros y muchas veces innecesarios.

Acami lamenta también el sobrecosto de la creciente litigiosidad, en gran medida fundada en el reclamo de mayores coberturas. Según calcula aquella asociación, el 4% del gasto total en salud, que el año pasado ascendió a 233 millones de pesos, fue insumido por el pago de sentencias o prestaciones derivadas de ellas.

Y a semejanza de la europea, la población argentina está envejeciendo con bastante rapidez, con el consiguiente impacto financiero: cada vez hay menos aportantes en relación con los mayores de 65 años, que ya no contribuyen y son los que más demandan.

Esa realidad, sumada a la perspectiva de que las prestaciones sigan encareciéndose por encima del índice de precios al consumidor, obliga a reconsiderar la lógica del sistema.

Argentina gasta mucho y tiene una oferta que, en lugares como la Capital Federal, supera cualquier estándar internacional: 40 hospitales públicos para menos de 3 millones de habitantes es un exceso, aunque bien aprovechado por enfermos del conurbano y de países limítrofes.

Pero este servicio estatal generoso podría serlo aún más si se costeara con la suma de todos los aportes ciudadanos. Si no, a preguntarle a los británicos.

Fuente: Diario BAE