Las deficiencias en el sistema mixto habilitan la pregunta:
¿no sería mejor uno público, que centralice el gasto? Las prepagas discuten con
el gobierno el ajuste de las cuotas de
octubre (7,5%) y de diciembre (9%), paliativos a los costos crecientes.
El gasto total en salud el año pasado rozó el equivalente a
40.000 millones de dólares, alcanzando una envergadura similar a la de Francia
o Canadá, pero con una calidad de prestaciones inferior y en el marco de un
sistema cada vez menos equitativo. ¿Qué servicio podría garantizarse a cada
argentino si esa voluminosa caja tuviera un manejo centralizado bajo pautas de
eficiencia y solidaridad?…
No es una fantasía de trasnoche sino una especulación
fundada en la experiencia de otros lugares del mundo. Los médicos argentinos
miran con afán profesional el modelo norteamericano, técnicamente competitivo y
poco solidario, que se sostiene a razón de 11.000 dólares de gasto anual per
cápita, contra los mil locales.
Sin embargo, no hay dudas de que desde la perspectiva de
calidad y justicia redistributiva, el molde más apropiado es el británico, al
que muchos admiran, incluyendo los profesionales argentinos. El esquema de Gran
Bretaña acentúa un rasgo común al europeo: el grueso del gasto corresponde al
Estado, principal responsable de un servicio de alta calidad y amplia
cobertura.
En la Argentina sólo el 27 por ciento del gasto corresponde
al sistema público –nacional, provincial o municipal–, que debe atender a las
16 millones de almas que no tienen otra opción. Éste coexiste con el
semipúblico de las obras sociales, que se nutre con una porción del salario de
los trabajadores en actividad, y con el privado propiamente dicho, sostenido
con aportes voluntarios.
Sólo el sistema público garantiza una cobertura universal,
el rasgo más democrático del sistema local. Pero ésta se superpone con la de
los otros sistemas, generando una ineficiencia importante.
En el otro espacio de la escena actúan dos formas de
organizaciones empresarias. Por una lado están las obras sociales y otras
entidades bajo el formato jurídico de fundaciones sin fines de lucro, que por
ello no tributan Ganancias y, según aseguran, reinvierten íntegramente
cualquier saldo a favor. Por el otro, las prepagas y otras proveedoras de
servicios, manejadas con el obvio criterio de rentabilidad de cualquier empresa
y que captan a la población con mayor capacidad contributiva.
Según el último informe de Oscar Cetrángolo y Ariela
Goldschmit, Sistema de Salud Argentino…, existen 280 obras sociales y 300
entidades estrictamente privadas que tienen un rol relevante por el trabajo que
generan (390.000 profesionales) y el alto nivel de especialización de los
ocupados. Otra vez vale la pregunta: ¿y si todos formaran parte de un único
plantel estatal dignamente remunerado?…
Un tercio del gasto total en salud es costeado por el
bolsillo de cada consumidor. Éste contribuye vía impuestos (Rentas Generales) a
sostener el servicio público. Pero paga de modo directo medicamentos y un
servicio personalizado y de más calidad, que promete ser cada vez más caro.
De acuerdo con un informe que Acami (Asociación Civil de
Actividades Médicas Integradas: Osde, Cemic, Fundación Favaloro, Hospital
Italiano, Británico, Fleni, etcétera) presentará mañana en el XVII Congreso
Argentino de Salud, en todos los países los costos médicos vienen creciendo por
encima del índice de precios al consumidor. En la Argentina, esa carrera habría
generado una brecha del 50% a favor de los primeros desde el 2001.
Más costos: tecnología y juicios
Las prestadoras privadas de prepago –sean organizadas como
sociedades anónimas (ej. Swiss Medical) o fundación (hospitales de
comunidades)– están discutiendo con la Secretaría de Comercio los nuevos
ajustes a su tarifa regulada. Ya fue habilitado para octubre el tercer aumento
del año, que asciende a 7,5%, insuficiente para esas compañías, que esperaban
un 9 a partir de septiembre.
A instancias de Augusto Costa no aplicaron copagos desde el
lunes, con una zanahoria: tener un punto adicional en la cuarta suba, prevista
para diciembre, para totalizar el 10%. Así los ajustes del servicio prepago en
el año habrá subido un 34 por ciento.
La tecnología y la especialización de los profesionales
cuesta y mucho. A este dato insoslayable se le añaden algunos que desnudan
ciertas ineficiencias, amén de la superposición de coberturas. La menospreciada
atención primaria (clínico con visión general y preventiva) hace que se acuda
rápido al especialista que, a su vez, pide estudios específicos caros y muchas
veces innecesarios.
Acami lamenta también el sobrecosto de la creciente
litigiosidad, en gran medida fundada en el reclamo de mayores coberturas. Según
calcula aquella asociación, el 4% del gasto total en salud, que el año pasado
ascendió a 233 millones de pesos, fue insumido por el pago de sentencias o
prestaciones derivadas de ellas.
Y a semejanza de la europea, la población argentina está
envejeciendo con bastante rapidez, con el consiguiente impacto financiero: cada
vez hay menos aportantes en relación con los mayores de 65 años, que ya no
contribuyen y son los que más demandan.
Esa realidad, sumada a la perspectiva de que las
prestaciones sigan encareciéndose por encima del índice de precios al
consumidor, obliga a reconsiderar la lógica del sistema.
Argentina gasta mucho y tiene una oferta que, en lugares
como la Capital Federal, supera cualquier estándar internacional: 40 hospitales
públicos para menos de 3 millones de habitantes es un exceso, aunque bien
aprovechado por enfermos del conurbano y de países limítrofes.
Pero este servicio estatal generoso podría serlo aún más si
se costeara con la suma de todos los aportes ciudadanos. Si no, a preguntarle a
los británicos.
Fuente: Diario BAE