"No estalla como las bombas, ni suena como los tiros,
como el hambre mata callando. Como el hambre mata a los callados: a los que
viven condenados al silencio y mueren condenados al olvido. Tragedia que no suena,
enfermos que no pagan, enfermedad que no vende". Con estas palabras, el
escritor uruguayo, Eduardo Galeano, describe una de las enfermedades
empadronadas en América Latina y que ha viajado a lo largo de todo el mundo,
pero que de momento parece querer quedarse, la enfermedad de Chagas.
Se estima que existen entre ocho y 10 millones de personas
crónicamente afectadas en el mundo, que 50.000 nuevos casos ocurren cada año y
que cerca de 28 millones están en riesgo de infectarse. Además, continúa siendo
la causa más frecuente de cardiomiopatía en Latinoamérica. Esta infección es
producida por un protozoo parásito llamado Tripanosoma cruzi, es considerada
una enfermedad desatendida, lo que se conoce como NTD (siglas inglesas de
Neglected Tropical Diseases). "Prácticamente no tenemos herramientas para
tratar ni pronosticar esta enfermedad", declara Rogelio López-Vélez,
médico de la Unidad de Medicina Tropical del Hospital Ramón y Cajal de Madrid.
La enfermedad de Chagas se transmite de manera vectorial a través
de un insecto, la vinchuca, que vive escondido en las casas de adobe en zonas
rurales. Pica por la noche para alimentarse con sangre, y sus heces suelen
contener el parásito que, al entrar por la picadura en el cuerpo humano, puede
provocar la infección.
También puede transmitirse de manera vertical, es decir, de
madres embarazadas a hijos. Eso sí, no todas las madres afectadas transmiten la
infección a sus bebés. Lo importante es realizar el diagnóstico en las
gestantes, pues el tratamiento es curativo en los recién nacidos infectados.
Otra vía de contagio es a través de transfusiones de sangre
y trasplantes de órganos desde un donante infectado. Algo imposible en España,
pues la sangre y los órganos de donantes se analizan para evitar la transmisión
y además, la vinchuca no habita en el país, por lo que el mayor riesgo llega
con las madres embarazadas.
Ahora, tal y como informa López-Vélez, se ha detectado una
nueva vía de transmisión: la digestiva. En Venezuela, concretamente, se han
dado varios brotes en colegios de niños en donde cientos de ellos se han
contagiado tras ingerir zumos que contenían el parásito de la vinchuca, que
había sido triturado en la elaboración del zumo.
Los síntomas dependen del órgano afectado, y pueden aparecer
desde estreñimiento pertinaz a palpitaciones o fatiga intensa. Cuando el
parásito se introduce en el cuerpo humano, pasa de la sangre a los tejidos
internos y hasta un 40% de los contagiados sufre daños irreversibles en el
corazón, esófago, colon y sistema nervioso.
Lo más frecuente es la dilatación del corazón o del tubo
digestivo. Esta afectación de los órganos puede aparecer hasta 30 años después
del contagio. Por ello, también se la conoce como la enfermedad silenciosa: el
afectado puede no tener ningún síntoma y, aun así, tener la infección. Ahí
reside la importancia de realizarse la prueba diagnóstica, para ir controlando
el progreso de la enfermedad y dar tratamiento.
Este mal nació de la mano de la pobreza y en zonas rurales
de Latinoamérica, pero con el paso de los años ha logrado saltar cualquier
frontera y se ha extendido alrededor de todo el mundo sin importarle las
restricciones territoriales. España ya cuenta con más de 40.000 afectados, por
lo que es considerado un "problema de salud pública importante", asegura
López-Vélez.
A pesar del gran número de infectados, el Chagas es una
enfermedad "no mediática" aunque "potencialmente mortal",
según declara el experto. Tampoco "las empresas farmacéuticas le dedican
atención", afirma López-Vélez. Además, no tiene marcadores que sirvan para
detectar cuántas personas de las infectadas la desarrollarán en un futuro. Las
estadísticas cuentan que uno de cada tres infectados tendrá Chagas y, por lo
tanto, afectación visceral.
Otro de los problemas que conlleva, es la aureola de miedo
que desprende entre la población rural. "Muchas de las personas que viven
donde habita el Chagas han visto morir a su padre o a algún familiar de muerte
súbita", cuenta este especialistas, quien invita a todos los sudamericanos
a realizarse la prueba para conocer si están infectados: "Animo a que le
afronten cara, rompan ese tabú y ese estigma que rodea a la enfermedad".
Actualmente, sólo existen dos fármacos que ayudan en la fase
aguda, pero no tanto en la fase crónica. Lo más grave es la afectación
cardiaca, que puede conllevar a la muerte, por eso la investigación trata
insistentemente de buscar una cura que consiga paliar la enfermedad. Los
fármacos que se utilizan en los tratamientos se descubrieron en los años 70 y
desde entonces no se ha conseguido nada nuevo, lo que la convierte en una
afección estancada y sin respuesta.
Los nuevos fármacos que se estaban investigando
recientemente, y que dejaban algún resquicio de esperanza, no funcionan según
los estudios realizados, lo que complica aún más la carrera hacia una solución.
El servicio de enfermedades infecciosas del Hospital Ramón y
Cajal contribuye a esta causa ofreciendo tratamiento a los pacientes,
realizando pruebas y llevando un seguimiento minucioso de cada uno de ellos.
Pero su granito de arena no se queda aquí, también ayudan en la investigación y
tienen un departamento específico para tratar de detectar cada persona
afectada, que puede formar parte de estudios médicos para posteriormente
contabilizar los pacientes y llevar a cabo una investigación mucho más
efectiva.
Todo este proceso es gratuito para los enfermos y cuenta con
el apoyo de una asociación sin ánimo de lucro, Salud entre Culturas, un equipo
multidisciplinar que desarrolla proyectos en el ámbito de la promoción de la
salud con población autóctona e inmigrante en todo el territorio español.
Sus programas se centran en la educación en salud para
prevenir el contagio de enfermedades infecciosas y en la gestión de la
diversidad cultural en el ámbito sanitario, creando puentes entre profesionales
y pacientes. Trabajan para ayudar a los pacientes, y para ello cuentan con
mediadores interculturales. A pesar de su colaboración, no reciben apoyo del
gobierno ni subvenciones y tratan de obtener financiación como pueden. Esta
asociación pone voz a una enfermedad silenciosa que azota principalmente a las
poblaciones más pobres del planeta y que, por tanto, no representan un retorno
lucrativo suficiente que justifique una inversión de la industria farmacéutica
en investigación y desarrollo de nuevos medicamentos para su tratamiento.
Fuente: Diario El Mundo - Ver más sobre Chagas