Crece el tráfico de medicamentos fraudulentos. Internet es
una de sus vías de expansión.
Lo recuerda esta semana un especial publicado en la revista
American Journal of Tropical Medicine and Hygiene que habla de «pandemia global
de fármacos falsificados», si bien reconoce que las dimensiones reales del
tráfico no se conocen. «Nadie tiene una idea verdadera de cómo de grande es el
problema», ha señalado en un comunicado Tim K. Mackey, director del Global
Health Policy Institute y principal firmante de uno de los artículos más
destacados del especial. «Hay aproximaciones, pero es muy complicado conseguir
una estadística apropiada de una actividad criminal de esta magnitud», ha
añadido.
Su equipo quiso hacer una valoración preliminar de hasta qué
punto los fármacos falsificados han conseguido penetrar en las cadenas de
distribución oficiales, para lo que estudiaron los datos recogidos entre 2009 y
2011 en el Instituto para la Seguridad Farmacéutica, una organización sin ánimo
de lucro con la que colaboran responsables de las principales compañías del
sector.
Su análisis encontró un total de 1.510 pruebas de entrada en
el mercado de fármacos fraudulentos en el periodo estudiado. En su mayoría,
estas falsificaciones habían intentado ocupar el lugar habitual de productos
destinados al tratamiento de infecciones, a la atención de problemas cardiacos
y a terapias relacionadas con el sistema nervioso central, además de aquellos
destinados al aparato genito-urinario (entre los que figuraban los tratamientos
para la disfunción sexual masculina, como la famosa Viagra).
En cuanto al origen de estas filtraciones fraudulentas en
los canales oficiales de distribución farmacéutica, el estudio mostró que la
gran mayoría se habían producido principalmente en Asia (China era sin duda el
país más afectado) y Latinoamérica, con un claro protagonismo de países de
medianos recursos.
La punta del iceberg
Sin embargo, pese a los datos obtenidos, los investigadores
subrayan que la fotografía que muestra su trabajo sólo refleja la punta del
iceberg. «Se necesitan urgentemente mejoras en la vigilancia, incluyendo la
detección de las brechas de seguridad, la mejora de la recopilación de datos y
los análisis para combatir el mercado global de las medicinas falsificadas»,
afirman. Es más, añaden, no sólo hay que controlar los cauces legales, sino el
supermercado que está siempre abierto en internet.
Esta oferta global es uno de los aspectos que dificultan el
abordaje, pero también complica las cosas la definición del problema, que es
muy cambiante. Así, mientras que en algunos lugares -dependiendo de sus
circunstancias y normativa-, el delito principalmente se debe a la realización
de copias de un producto original, en otros el fraude incluye la inclusión en
el medicamento de ingredientes incorrectos o una ausencia completa del
principio activo original, entre otros matices.
El tráfico de fármacos falsos no es sólo un problema que
afecte al primer mundo, advierte la OMS, pero se estima que en los países
desarrollados que cuentan con un sistema público de salud y una red segura de
farmacovigilancia -como es el caso de España-, los fármacos fraudulentos no
llegan ni al 1% de los disponibles en el mercado general.
Pese a todo, en los últimos años las autoridades sanitarias
han puesto en marcha distintas medidas para combatir, en la medida de lo posible,
la penetración de productos fraudulentos, sobre todo a través de internet.
En este sentido, el pasado mes de febrero, la Agencia
Española del Medicamento lanzó la campaña No compres medicamentos en webs
ilegales. Es un error fatal para tu salud, que tiene como objetivo concienciar
a los ciudadanos sobre los riesgos de esta práctica. La iniciativa desaconseja
seguir las ofertas de fármacos que a menudo se reciben a través del correo
electrónico y recuerda que «más de la mitad de los medicamentos que circulan a
través de la Red son falsificaciones fabricadas sin garantías a partir de
sustancias no autorizadas, de baja calidad o con efectos tóxicos, que pueden
producir daños irreparables a la salud».
Para evitar peligros, la campaña da consejos para reconocer
las webs ilegales (venden medicamentos no autorizados en España; venden
medicamentos que requieren receta médica; no informan de quién es el
farmacéutico responsable, etc.) y subraya que para que el uso de un fármaco sea
seguro, «se requieren las garantías de calidad, seguridad, eficacia y correcta
información que dan las autoridades sanitarias, además de una adecuada
actuación de los profesionales sanitarios en su prescripción y dispensación», algo
que no se produce fuera de los cauces oficiales.
Fuente: Diario El Mundo - Ver más sobre Medicamentos