Andrea Lago Ordóñez, la niña gallega para la que sus padres
solicitaban una muerte digna, ha fallecido en el Complejo Hospitalario
Universitario de Santiago de Compostela. La pequeña de 12 años de edad, que
padecía una enfermedad neurodegenerativa irreversible, ha muerto cuatro días
después de que el centro hospitalario accediese a retirar la alimentación
artificial, como pedían sus padres.
El septiembre pasado, el Comité de Ética del hospital donde
Andrea estaba ingresada se mostró favorable a la petición de los padres de
suspender el tratamiento pero los pediatras de la niña no opinaron lo mismo.
Durante varios días, su destino se vio dividido entre el criterio de los
progenitores, que exigían al Hospital de Santiago que acabara con el
sufrimiento de Andrea, y la postura de la dirección del centro sanitario.
Fuentes próximas a la familia han confirmado que la niña
falleció a las doce del mediodía en la habitación del servicio de Pediatría en
la que ha pasado sus últimos días. La acompañaban sus padres, Antonio Lago y
Estela Ordoñez, que no se han separado de ella desde el lunes, cuando el
hospital accedió a retirar la alimentación a la menor.
La niña ha fallecido "sin dolor" y
"tranquila", como ha pasado estos cuatro últimos días de vida. Tras
retirarle la sonda por la que se alimentaba artificialmente, empezó a dormir
tranquila y todas las noches del tirón. En sus cuatro últimos días se le había
suministrado sedación y la hidratación mínima para que la asimilase, de modo
que se fue muriendo muy poco a poco y sin sobresaltos, según las mismas
fuentes.
Los abuelos y familiares de Andrea pasaron por su habitación
en los últimos días para despedirse de ella y sus padres la acompañaron todo el
tiempo. Desde que en junio pasado la niña sufriera una hemorragia
gastrointestinal que empeoró su estado de salud, permanecía en el hospital y
sus padres, que tienen otros dos hijos de corta edad, la acompañaban permanentemente.
Andrea ha tenido finalmente la muerte digna por la que
luchaban sus padres y, además, relativamente rápida, pues tardó cuatro días en
fallecer desde que se le retiró la alimentación cuando los forenses y médicos
consultados por su familia habían dicho que no se podía prever cuánto tiempo se
prolongaría el proceso y que incluso podría durar hasta 40 días.
Tras conocerse la muerte de Andrea, el gerente del Complejo
Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS), Luis Verde, dijo hablar en su
nombre y en el del servicio de Pediatría e indicó: "Hemos vivido un
episodio difícil para los padres por parte del hospital". En declaraciones
a los medios, pidió respeto para la familia de la niña: "Vamos a ser
extraordinariamente respetuosos con la familia y máxime en estos
momentos".
Fuente: Diario El Mundo - Ver más sobre Muerte Digna