Es posible controlarla y prevenir complicaciones, pero sólo
el 30% de los pacientes tratados logra mantener en forma sostenida los niveles
normales de glucosa en sangre.
El atlas de la diabetes es cada vez más
grande, y la OMS dedicó este año su Día Mundial de la Salud a esta enfermedad.
En todo el globo, 387 millones de personas conviven hoy con esta afección, y se
espera que para 2035 la cifra aumente a 592 millones (más del 50%), de los
cuales la mitad nunca será diagnosticada. En el país, 1 de cada 10 adultos
padece la enfermedad. En el 95% de los casos se trata del tipo 2, asociada
principalmente a los estilos de vida que predominan en las grandes ciudades:
alimentación inadecuada, exceso de peso y sedentarismo.
Desde 2005, más de 40 nuevas terapias se han aprobado para
el tratamiento de la diabetes tipo 2, algunas con resultados muy
impresionantes. Sin embargo, las metas alcanzadas en el mundo real están muy
por debajo de la eficacia observada en los ensayos clínicos, según coinciden
las opiniones de los expertos reunidos en esta ciudad, donde se organizó el
último congreso anual de la Asociación Americana de Diabetes (ADA, por sus
siglas en inglés).
Las estadísticas actuales revelan que sólo 3 de cada 10
pacientes tratados y con adherencia a las distintas terapias logran controlar
los niveles adecuados de glucosa en sangre, es decir, por debajo del 7%.
"Pero si tenemos en cuenta que casi el 50% de los pacientes en todo el
mundo no fue diagnosticado, la situación es mucho más complicada -señala el
médico danés Mads Krogsgaard Thomsen, director ejecutivo de Investigación y
Desarrollo de la farmacéutica Novo Nordisk-. Sin diagnóstico no hay tratamiento
y sin tratamiento comienzan las progresivas complicaciones de la enfermedad,
como los problemas vasculares, renales, oculares y en los pies."
Hoy, al igual que hace 10 años, entre el diagnóstico inicial
y el comienzo de una terapia de reemplazo de insulina transcurren, en promedio,
entre seis y ocho años. Y teniendo en cuenta que la insulina constituye el
tratamiento de elección para los pacientes que no logran mantener sus niveles
de glucosa normales a través de un control estricto de la alimentación y del
uso de fármacos orales, cuanto más se postergue esa decisión, más complejas
serán las complicaciones a largo plazo.
Un estudio realizado hace casi dos décadas en 13 países
europeos reveló que el 58% de los pacientes con diabetes tipo 2 tenía miedo de
comenzar a inyectarse insulina. "Y siguen con ese mismo miedo, y los
médicos continúan con esa misma inercia, y hasta muchas veces se refieren a la
posibilidad de comenzar a usar esta hormona en tono de amenaza: «Si no sigue la
dieta y no cumple con las indicaciones, le voy a tener que indicar insulina».
Esto es terrible porque, curiosamente, como la diabetes es evolutiva pueden
pasar muchos años sin que los pacientes adviertan los daños causados por la
enfermedad. Y cuando la insulina llega, o cuando sí está indicada pero tampoco
se hacen los ajustes necesarios en las dosis, las complicaciones ya están muy avanzadas
-dice la endocrinóloga Rosario Arachavaleta Granel, profesora de la Universidad
Autónoma de Guadalajara, en México-. Hay mitos que persisten, y los pacientes
creen aún que si utilizan insulina van a quedarse ciegos."
"Se redujeron en un 13% los riesgos cardiovasculares,
como el infarto de miocardio y ataques cerebrovasculares, más conocidas como
stroke, entre otros episodios no fatales. Otro de los desenlaces secundarios se
vio en la menor cantidad de pacientes que murieron por una causa
cardiovascular. En el grupo tratado con liraglutide se redujeron en un 22% los
desenlaces fatales", agregó la doctora Yan Cai, directora médica de Novo
Nordisk.
Para los expertos, los pacientes con más probabilidades de
tener éxito son aquellos que están informados sobre cómo controlar sus niveles
de glucosa, los que logran hacerse cargo de su tratamiento y del automonitoreo
de la glucemia.
El doctor Diego Wappner es especialista en medicina interna
y magíster en diabetes. En su consultorio trata a muchos pacientes diabéticos,
y, desde su experiencia cotidiana con ellos, opina: "Creo que con la
diabetes se plantea una problemática propia de otras enfermedades crónicas en
las cuales la participación activa del individuo en su cuidado tiene un rol
fundamental. Los cambios en los hábitos alimentarios, la realización de
actividad física en forma sistemática y la adherencia al tratamiento
farmacológico, sumado a que la mayoría de los pacientes diabéticos tienen otras
comorbilidades, suelen generar, sobre todo en el inicio, sentimientos
negativos, como rabia y frustración. El proceso de aprendizaje suele ser largo
y difícil, y lograr en todos los pacientes el automonitoreo glucémico sigue
siendo uno de los desafíos pendientes".
Fuente: Diario La Nación - Ver más sobre Diabetes