Actualmente, el análisis del código genético se realiza en
Estados Unidos.
-Que todos se inscriban como donantes de médula ósea.
-Que haya en el país un laboratorio de alta complejidad para
la tipificación genética de las muestras.
“Que la gente sepa que no duele. Que sepa que es solo una
extracción de sangre. Que se saque todos los tabúes y los miedos. No voy a
parar de luchar hasta que todo el mundo se haga donante de médula ósea”,
promete, afirma, subraya, resalta, insiste ante cada micrófono, cámara,
teléfono que le pongan delante. Y por eso convoca hoy a las 17 en la Plaza de
los Dos Congresos. Como en todo cumpleaños, habrá globos (en lo posible -pide-
naranjas y con una consigna a favor de la donación). También murgas, médicos
especialistas y payamédicos.
El registro nacional cuenta con 193.449 donantes de células
progenitoras hematopoyéticas (CPH), que se extraen de la médula ósea. Los requisitos
para integrarlo son tener entre 18 y 55 años, un peso mínimo de 50 kilos y no
poseer antecedentes de enfermedades cardíacas, hepáticas o infectocontagiosas.
Solo hay que acercarse a un centro de donantes (funcionan en los servicios de
hemoterapia de diversos hospitales del país) y donar una unidad de sangre de la
que se extrae una muestra para realizar el análisis del código genético. Esa
información va a la base del registro nacional, que a su vez integra una red
mundial con casi 29 millones de donantes. El voluntario solo es convocado a
donar si alguien compatible con él lo necesita.
A esos registros se recurre cuando no se encuentra
compatibilidad dentro de la familia, como en el caso de Alejo, que no tenía hermanos,
candidatos ideales en estos casos. Las chances de ser compatible con un
familiar son una en cuatro y bajan a una en 100.000 con un donante no
emparentado. Cuantos más poblados los registros, más chances de hallar esa
maravillosa coincidencia inscripta en los genes que puede salvar la vida de una
persona a costo cero para el donante (la sangre es autorrenovable y el
procedimiento no duele).
Un laboratorio en casa
El análisis del código genético de las muestras se realiza
en el exterior, porque Argentina no cuenta con un laboratorio para realizar
pruebas de tipificación de histocompatibilidad de alta resolución. Y a eso
apunta el segundo pedido de Gabriela, fundadora de El Ejército de Alejito,
desde donde viene motorizando colectas de sangre y campañas de difusión.
Montar un laboratorio nacional es un proyecto del Incucai
que está en los planes del Ministerio de Salud, afirmó consultada por Clarín
María Belén Cardozo, directora del Registro Nacional de Donantes de CPH. “Esto
ayudaría en algo fundamental: la reducción del tiempo de búsqueda para
pacientes que necesitan un donante no relacionado. Si el laboratorio está acá,
uno puede quitarle a esos 5-6 meses que lleva el proceso, alrededor de un mes y
medio”.
El análisis de histocompatibilidad tanto de las muestras que
integran el registro, como las de los pacientes que requieren un trasplante se
realiza en Histogenetics, un laboratorio de Washington, Estados Unidos. “En lo
que va del año se enviaron 40 mil muestras y tenemos una ampliación de esa
licitación hasta 80 mil, con lo que prácticamente ya no nos quedarían
pendientes”, dice Cardozo.
En la región, solo Brasil cuenta con un laboratorio de
histocompatibilidad de alta complejidad, pero con la única finalidad de
autoabastecer su propia demanda, por eso por ahora la opción es Estados Unidos.
“Tener un laboratorio nacional va a ahorrar tiempos y va a
poner a Argentina en el lugar que tiene, que es el de ser un faro en Sudamérica
y el Caribe en tema trasplantes —sostiene Cardozo—. Tenemos un registro, que no
lo tienen muchos países del mundo (solo hay 54) y mucha gente solidaria
vinculada a la donación”.
Admite que tener “el laboratorio dentro de casa” supone “un
camino a recorrer” en el que los plazos no suelen ser cortos. En equipamiento
se calcula que la inversión sería de 1,2 millones de dólares, más unos 3
millones de dólares anuales en reactivos, los costos de la obra civil y de la
capacitación del personal. A los tiempos de licitación y ejecución, hay que
sumarle los del proceso para acceder a acreditaciones internacionales, que
suelen demandar unos tres años.
“Un laboratorio argentino podría, además, prestar
colaboración al Mercosur, ya que los países tienen que pagar fortunas por un
trasplante en el exterior”, asegura la directora del registro local, quien sostiene
que la regionalización de los datos ayudaría a ampliar las bases de donantes.
Es que el continente americano tiene una alta etnicidad, producto de la mezcla
entre las poblaciones originarias e inmigrantes llegados desde diferentes
puntos del mapa. Todo está inscripto en el código genético. Cuanto más
diversidad haya en los registros, más fácil será encontrar esa aguja en el
pajar que permite salvar una vida.
Fuente: Diario Clarín - Ver más sobre Donación de Órganos