Investigadores de la Universidad de San Martín y el INTA ganaron un subsidio de
$ 6 millones para desarrollar una molécula preventiva eficaz.
Con un subsidio de 6 millones de pesos otorgado por la Agencia
Nacional de Promoción Científica y por una empresa del sector farmacéutico, un
grupo de investigadores argentinos acaba de iniciar un proyecto biotecnológico
desafiante pero que puede tener un gran premio: desarrollar, desde cero, una
vacuna que sea capaz de prevenir la infección por el virus chikungunya en las
personas. Hoy esa opción no existe y, sin embargo, se está volviendo cada vez
más necesaria.
“Los primeros casos de fiebre chikungunya registrados en países
de América son recientes, datan de 2013. Pero en este lustro la patología se
extendió velozmente y organizaciones internacionales como la OMS ya reconocen
su presencia en 43 países de la región”, le explicó a PERFIL el doctor Diego Alvarez,
que trabaja en el laboratorio de Virología Molecular de la Universidad de San
Martín (Unsam) y es colíder del proyecto. La tarea del equipo, que en total
sumará una decena de especialistas, incluyendo expertos del Conicet y del INTA,
será ardua.
“Diseñamos un plan de trabajo que tomará tres años”, le contó a
este diario el doctor Juan Ugalde, codirector del proyecto y decano del
Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la Unsam. Y será una tarea no
exenta de competencia puesto que otros grupos en el mundo buscan el mismo
objetivo y ya hay algunas “candidatas” a vacunas atravesando la Fase I de los
estudios clínicos.
“Comenzaremos usando como herramienta baculovirus, que es un
tipo de virus que solo infecta insectos y no afecta a mamíferos. Y le
generaremos modificaciones genéticas”, contó Ugalde. Usando técnicas
recombinantes introducirán en el ADN del baculovirus partes del genoma del
chikungunya. “Así obtendremos un nuevo tipo de virus híbrido que –en
teoría– si se lo inyecta a una persona sana será capaz de activar su sistema
inmune y este podría comenzar a generar anticuerpos efectivos contra el
chikungunya si el virus ‘real’ lo infecta más adelante”, detalló.
Lo atractivo
de apostar por este enfoque biotecnológico es que, con esta vacuna, una persona
sana se expondrá a apenas un conjunto reducido de las típicas proteínas del
chikungunya. Y estas, por sí solas, no pueden enfermar. Pero la exposición
alcanza para generar anticuerpos y despertar una “memoria inmune” contra el
chikungunya.
“Estaremos trabajando con un tipo de
virus que la ciencia ya viene estudiando desde hace muchísimos años y que es
totalmente seguro respecto de la salud de las personas. Nuestros colaboradores
del INTA ya usaron con éxito ese virus para el ‘transporte’ de proteínas, y en
este caso lo haremos con las del chikungunya”, contó Diego Alvarez.
Como ocurre
con otros medicamentos y vacunas, este desarrollo de laboratorio tomará su
tiempo. “Con el subsidio tenemos hasta el año 2021 para poner a punto el nuevo
virus híbrido y comprobar fehacientemente, en ratones, que la vacuna desata un
efecto inmunológico preventivo”, detalló Ugalde.
Luego, si todo resulta bien,
desde la Unsam traspasarán el know-how adquirido y los resultados a la compañía
Sinergium Biotech –una empresa de investigación conformada por los laboratorios
argentinos ELEA y Biogénesis Bagó– para que desde allí encaren la segunda parte
del trabajo: ensayar la seguridad y la efectividad de esta futura vacuna en
personas sanas, realizando los estudios clínicos que demuestren su real poder
de protección. Esta parte del proceso, y su posterior regulación y
aprobación por las autoridades de salud, también será laboriosa y puede
tomar de cinco a siete años. “Si todo funciona bien pensamos que podríamos
contar con una vacuna efectiva contra el chikungunya disponible comercialmente
tal vez en menos de una década”, se entusiasma Ugalde. Parece mucho, pero con
este subsidio ganado los investigadores dieron el primer paso en esa dirección.
Los signos que preocupan
“El chikungunya es una enfermedad infecciosa que se
contagia a las personas por la picadura del mosquito Aedes aegypti, el mismo
del dengue” resumió el doctor Diego Alvarez. “Sus síntomas son fiebre alta,
dolores articulares y musculares, náuseas, cansancio y erupciones en la piel”.
En grupos de riesgo, como bebés, ancianos, inmunodeprimidos y diabéticos, puede
generar complicaciones mortales. Aunque por ahora en Argentina no está
extendido –no hubo registros epidemiológicos de circulación activa durante
2017– sí se notificó un caso en Santa Fe y hay otros nueve considerados
“probables”, en Buenos Aires y Córdoba. En cambio en Brasil la situación es
mucho más compleja: solo durante 2016 hubo 277.882 casos “probables” de fiebre
chikungunya. Y sumando todos los casos registrados en América Latina desde
2013, la cantidad de afectados por el virus supera el millón de personas.
Fuente: Diario Perfil - Ver más sobre Ciencia