Dejando de lado las urgencias, el sistema sanitario funciona
a media máquina. Eso genera un cuello de botella y crecen las demoras.
Se sabe que por miedo al coronavirus miles de personas están
ninguneando sus chequeos de salud. De lo que no se habla mucho es de las
limitaciones que está imponiendo el propio sistema sanitario para que esos
controles sean posibles, flaqueza que obstaculiza cualquier envalentonamiento
del paciente. Fuentes del sector privado hablan de una reducción de la
"máquina sanitaria" que oscila entre el 25% y el 75%, en comparación
a la prepandemia.
Más allá de las trabas -ahora profundizadas- en el acceso a
los tratamientos, si lo que se quiere es conseguir un turno podría haber
grandes demoras, entre el doble y el triple que antes de la pandemia. También
podría ser imposible ver al especialista buscado, si, por ejemplo, fue
reasignado a “tareas Covid”. Y si lo que se quiere es concretar una cirugía
programada (extirpar un tumor benigno, mejorar una artrosis de rodilla...), la
espera podría ser entre indefinida y eterna.
Clarín habló con una neurocirujana que pidió resguardar su
nombre. Se autodescribió “freezada”: “La gente consulta menos porque tiene
miedo a contagiarse, pero en las instituciones en las que trabajo están
suspendidas las cirugías programadas porque están al tope con el
Covid-19".
Es decir, “todo lo que se puede diferir, queda en pausa.
Desde un tumor benigno, meningioma o tumor de bajo grado del sistema nervioso
central hasta una metástasis que no crece, temas de columna, degenerativos o
hernias de disco”.
Las prepagas no minimizan la cuestión. Maximiliano Leiva,
gerente general de los Centros Ambulatorios de Swiss Medical (compañía con casi
un millón de afiliados), habló de “dermatólogos con tareas reasignadas, como
podría ser la carga de datos de pacientes de coronavirus, para lo que hay que
tener conocimientos médicos”, y explicó que “las prácticas y consultas de
disciplinas que 'pueden esperar' están reducidas un 75% respecto de como era
normalmente”.
En otra enorme empresa de medicina prepaga relativizaron esa
cifra y prefirieron hablar de un 25% de achicamiento en los servicios que
ofrecen. Para otro capítulo quedará revisar una segunda afirmación salida de la
charla con Clarín: dijeron que esa reducción es “razonable” y que "quizás
haya llegado para quedarse”, considerando el “sobreuso” que venía habiendo
antes de la pandemia de servicios como "laboratorio y diagnóstico por
imágenes”.
Según Leiva, hay un “cuello de botella” del sistema,
evidenciado en una “disparada en las demoras" de turnos: “Hasta hace un
mes, la demanda estaba restringida. Había poca oferta, pero la gente tampoco se
animaba a venir. Esto cambió por la mayor apertura y las demoras pasaron de 10
a 25 o 30 días”.
Las variables que inciden en esta situación son pocas, pero
esenciales: “En primer lugar, la transformación edilicia de consultorios
comunes a camas de observación para pacientes sospechosos de coronavirus.
Nosotros lo hicimos con los 40 consultorios de nuestro mayor centro, en Barrio
Norte. En el resto de los centros que están abiertos, si antes se atendía a 100
pacientes, ahora a 25, ya que el protocolo impide tener mucha gente en sala de
espera. Es decir que se combinan el fenómeno de los recursos humanos, el tema
edilicio y el distanciamiento social”.
Claro que cada especialidad es diferente: “¿Puede esperar
una paciente de obstetricia? No. De oncología, tampoco. Pero traumatología o
ginecología quizás sí, siempre que no sean emergencias”.
A media máquina
“A ver si soy claro: estamos operando más peritonitis y
menos apendicitis. Es decir, más urgencias. La gente no viene por miedo al
contagio, pero también hay una limitación en las camas. El quirófano está
libre, pero no tengo cama de terapia para el después. La saturación de camas es
enorme, acá y en todas partes”, apuntó Pablo Pratesi, jefe de Terapia Intensiva
del Hospital Austral.
El experto habló de decenas de pacientes que desde el verano
esperan concretar una cirugía programada: “Por ejemplo, alguna ginecológica,
como podría ser un mioma benigno, o una traumatológica, digamos, una de
artrosis de rodilla o de cadera. Esas intervenciones pueden esperar, salvo que
la persona sufra mucho dolor, en cuyo caso se transforma en urgencia”.
Al revés, "un ACV hemorrágico, una peritonitis o una cirugía
oncológica -planificada luego de semanas de quimioterapia o rayos-, no pueden
esperar y por eso se les da prioridad".
Otro especialista, José Tawil, miembro de la Sociedad
Argentina de Gastroenterología, que además trabaja en un centro privado de
endoscopías, se refirió a la delicada situación de su práctica: “Las cirugías,
por ejemplo, pueden hacerse si requieren 24 horas de internación en sala. Pero
si va a requerir terapia en las primeras horas, en este momento trata de
evitarse".
El médico coincidió en las limitaciones del sistema: “No
puedo poner sobreturnos ni tener más de un paciente en sala de espera. Si
vienen acompañantes, los tengo que dejar en la calle. Mi calidad de atención es
bien diferente. Todos hemos bajado las consultas porque el tiempo es distinto.
En cuanto a las endoscopías, siempre tenemos cinco salas trabajando y ahora,
por el protocolo, tres”.
Para Pratesi, el coronavirus solo puso en evidencia
cuestiones de fondo: "La falta de planificación de décadas no se resuelve
comprando respiradores. No quiero ser apocalíptico, pero hay un colapso del
sistema sanitario y nadie lo quiere nombrar”.
El "service", al día
Nada de lo dicho le resta peso al "ausentismo" en
alza de los pacientes que deberían dar continuidad a chequeos o tratamientos.
De hecho, el 61% de los consultados para un sondeo de la consultora D’Alessio
IROL (para el grupo Lafken) admitió estar descuidando su salud. El 36% declaró
haber pospuesto o abandonado, en los últimos meses, algún control o
tratamiento.
Del mismo modo, desde el Colegio Argentino de
Cardioangiólogos Intervencionistas (CACI) señalaron -en base a datos
internacionales registrados entre marzo y julio- una reducción de las
internaciones por infarto, lo que evidenció centenas de esos episodios
atravesados en el hogar, sin asistencia médica. La atención tardía redundó en
cifras más altas de mortalidad intrahospitalaria por infarto durante la
cuarentena: pasaron del 6,4% al 10,6%, comparando con el mismo período de 2019.
En cantidad de enfermos y fallecidos, el cáncer de colon es
el segundo en importancia en el país. "Quien tenga sangrado, dolor
abdominal o cambios en su forma de evacuar debe consultar. Seguramente no sea
nada, pero hay que controlar”, advirtió Karina Collia Ávila, médica
gastroenteróloga del hospital “Dr. Carlos B. Udaondo” y miembro de la comisión
directiva de la Sociedad Argentina de Coloproctología.
Pero no es una recomendación más, aseguró: "Las
consultas bajaron entre 50% y 70%, mientras nosotros trabajamos al mismo ritmo
que antes de la pandemia".
"No es lo mismo dejar un control general para la
postpandemia siendo alguien sano que teniendo síntomas puntuales", se
lamentó la médica, y concluyó: “No buscamos que la gente venga a hacerse un
chequeo de cero. No es momento de hacer prevención sino detección temprana.
Este es un momento especial”.
Fuente: Diario Clarín - Ver más sobre COVID-19
